¡Pedro Sánchez o el caos! Ese parece ser el lema a seguir por cuantas personas tienen capacidad de incidir en la opinión de los votantes rasos. Los políticos, naturalmente, en primer lugar; pero no les van a la zaga los medios de comunicación, que flotan continuamente mecidos por las eurales aguas de las subvenciones y los jugosos ingresos por publicidad institucional, que no es paja.
 
¡Pedro Sánchez o el caos! Pero ¿es que puede haber algo peor que Pedro Sánchez como el próximo presidente del gobierno durante los venideros cuatro años? ¿Es posible que a los españoles no les haya servido de nada la vacuna de este año y medio? Esperemos que si.
 
Entre tanto uno se encuentra, y no comprende, como el señor Rivera, reconociendo el peligro que va implícito en su envite:
 
es capaz de pedirle el sacrificio al joven presidente del PP.
 
Si yo tuviera la posibilidad, y me apeteciera, de acercarme al señor Rivera le haría la pregunta que hago de manera general unos renglones más arriba ¿es que puede haber algo peor que Pedro Sánchez como presidente del gobierno durante los venideros cuatro años?
 
Estamos de acuerdo que por muchas cosas malas que le puedan pasar a un país -ahí está Rusia y los países que fueron sus satélites durante los años que duró el Infierno Soviético-, en periodos distintos o todas de una vez, lo cierto es que el paso del tiempo hace que el país permanezca, de por vida o, al menos, durante el tiempo que tarde la Tierra en estallar, convertida en cascotes espaciales. 
 
Pero, cuando un peligro es tan palpable y tan subsanable -como podría ser desembarazarnos de una cucaracha (evito mostrar forma y resultado)-, como es la posibilidad de que el gobierno de España, su unidad y el destino de todos los españoles, pueda llegar a estar en las manos de Pedro Sánchez, durante las venideras cuatro docenas de meses, sería un crimen cometido en comandita por todos, españoles y asimilados con derecho a voto, el dejar que el transcurso del tiempo sea, al final y tarde, el que nos libere de tamaño mal ¡Coño! Existiendo VOX que, según El País -otro que se ha dado cuenta- "El ascenso de VOX desata los nervios en los grandes partidos en la recta final".
 
La equivocación es creer que los delincuentes existen como consecuencia de que existe la policía, y no el que la policía existe por la aparición de los delincuentes.
 
Lo cierto es que si no hubieran aparecido esta costra indeseable en la política; si los políticos hubieran cumplido con acierto su obligación con los españoles, que por ello cobran en demasía, las personas que encabezan la dirección de VOX, todos, porque para ello están preparados, estarían trabajando; ninguno ha llegado a la política desde la posición de enchufado político, como la gran mayoría de los políticos de la izquierda.
 
¿Para qué aplastar de un pisotón a la cucaracha cuando existen mejores y más limpios recursos?
 
El recurso al pataleo empuja a declaraciones tan gilipollescas y embusteras como la que de ellas hace eco El País "Casi trescientos académicos e investigadores lanzan un manifiesto contra las mentiras de VOX".
 
Este manifiesto ha salido rompiendo extrañamente la clásica composición poética que hace siempre el rojerio nacional -oiga, también hay sucios rojos entre los investigadores y académicos ¡faltaría más!- que unirían en este manifiesto a "intelectuales y artistas", entre los que sobresalía de manera muy notoria alguno de los componentes de la familia Bardem que, sinceramente, nunca he sabido a cual de esos grupos pertenecían, si es que no estaban allí de matute.
 
Eloy R. Mirayo.