De qué le vale al hombre ganar el mundo entero si se pierde a sí mismo

Marcos 8, 36.

Ojalá esta sangre mía sea la última sangre derramada en España en conflictos fratricidas

José Antonio Primo de Rivera.

Camaradas, más vale ejecutar a 100 inocentes a que escape un solo fascista vivo

Dolores Ibarruri, la Pasionaria.


Me seguiré invariablemente viendo, allende todas las apariencias, dificultades, imperfecciones, debilidades, perplejidades, dubitaciones y naufragios todos de mi vida, como católico, apostólico y romano, por más que no ignoro además que en la España actual ya casi debemos parecer los católicos empeñados en la fidelidad a Cristo y a su Iglesia, una especie en vías de extinción; desastre o estado actual de las cosas a que contribuyen mis pecados, qué duda cabe, mi mediocridad de vida, lo admito, pero sobre todo las traiciones a Cristo y a su Iglesia perpetradas por una jerarquía de mil y una maneras atrapada en lo mundano y en la apostasía. 

Por esto mismo, en lo tocante a las etiquetas de rigor no soy propiamente franquista, ni fascista, ni carlista, ni falangista, ni tradicionalista, ni requeté, ni monárquico; esto es, de ninguna fuerza en concreto de lo que comúnmente se denomina pensamiento conservador, tradicionalista o de derechas, por muy dignas de consideración que sean o pudieran ser todas y cada una de ellas. Muy al contrario, más bien he sido lo que se dice de izquierdas durante varias décadas de mi vida; desde adolescente, tampoco es que sea tan mayor. Hasta el extremo de que no tiene que venir un maestro de nuestras letras hispanas como Ernesto Sábato a recordarme que el movimiento anarquista o libertario español ha estado impulsado por hombres y mujeres de una talla moral indiscutible (auténticos titanes de la justicia social), y así él mismo tuvo ocasión de conocer este hecho, sobre todo durante sus años mozos, en su Argentina natal: anarquistas como Diego Abad de Santillán que vivieron su exilio preferentemente en aquel país hermano.

Ahora bien, como católico que me confieso, reparo en lo siguiente allende mi admiración confesa por las más preclaras figuras del anarquismo clásico (admiración que no obstante no me impide reconocer, lamentar y criticar que asimismo hubo mucha violencia terrorista en las filas del anarquismo, mucho pistolero sanguinario que echó mano de la violencia más sádica en la perpetración de la persecución religiosa contra la Iglesia, por odium fidei, que se desató en España en los años inmediatos previos al estallido de nuestra Guerra Civil y, de manera particularmente salvaje y cruenta, durante el desarrollo de la misma): entre una figura de nuestra historia como Francisco Franco el Caudillo y una como Dolores Ibarruri la Pasionaria, ¿por cuál me decanto hoy por hoy? En mi época de perroflauta -que la tuve-, habría dicho "me decanto por la Pasionaria, porque fue pobre, de la clase obrera, fue militante de la solidaridad; mientras o por contra, Franco fue militar, se codeó con la crema de la crema de la sociedad, coqueteó con el fascismo, ejerció el poder de forma dictatorial, asesinó a casi un millón de personas en la represión que sucediera a nuestro conflicto civil..."

O entre una figura como José Antonio Primo de Rivera (laWikipedia, que es la enciclopedia de Soros, la del progresismo y lo políticamente correcto, califica su pensamiento y praxis política de extrema derecha) y las semianalfabetas Adriana Lastra, del PSOE, o Irene Montero, de Unidas Podemos y pareja sentimental actual de Pablo Iglesias (jóvenes mujeres que no han dado un palo al agua en su vida, a las que solo se les conoce y reconoce vida laboral como políticas profesionales), en esa época mía extrañamente habría preferido a ambas mujeres citadas, además no fuera que me acabaran calificando de "revisionista, facha, fascista, neofranquista, machista, retrógrado...".

Hoy no, ni modo, que dicen en México: casi del todo, me he ido desprendiendo de esos lastres, esto es, de esos miedos a ser tildado de... Pues a decir verdad, si ser de izquierdas significa comportarse de manera permanentemente ética, incomparablemente fue más de izquierdas el traído aquí José Antonio Primo de Rivera que Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Alberto Garzón, Gabriel Rufián, Ada Colau, José Luis Rodríguez Zapatero... Todos estos me parecen una panda de farsantes y vividores de la política que no han dado en su vida un palo al agua, y cuya ideología principal no es ser de izquierdas, si se entiende por ser de izquierdas el comportamiento permanentemente ético y solidario vivido por clásicos del anarquismo como Salvador Seguí, el noi del sucre, entre otros muchos que podrían citarse, y sí el ser lo que aquí y ahora destaco: vividores, trepas, listillos. Y además, a la hora de la verdad o a fin de cuentas ¿qué demontres importan las etiquetas?

Hoy comprendo la confusión y la no poca falacia y estulticia de aquellas mis ideas. Y hoy me digo que descreo completamente de cualquier bondad del comunismo, no en vano la ideología más criminal y genocida de cuantas ha conocido la historia de la humanidad -por más que me siga gustando la poesía de Miguel Hernández, y no me disguste la de Rafael Alberti, e incluso no comparta el juicio de Juan Ramón Jiménez sobre la obra poética de Pablo Neruda...-, hasta el punto de que estoy convencido de que Franco hizo incomparablemente más y mejor por la clase obrera que la Pasionaria, por muy comunista que esta se proclamara. Y desde luego, como respuesta a tanta injuria facilona de la progresía contra el franquismo, cabría recordar que al menos Francisco Franco tenía buen ojo para elegir como ministros y colaboradores de su régimen a técnicos superpreparados, de entre los mejores; la PSOEZ (también llamada PSOE), por su parte, elige a lumbreras como Adriana Lastra, mientras corre un estupido velo sobre todos los casos de corrupción que jalonan su gestión pública: los casos Flick, Filesa, Ave, Seat, Guerra, Gal, Pretoria, Ere de Andalucía... 

De modo que casi que me da completamente igual escuchar a esos vergonzantes políticos de izquierdas, que al poco de perseverar en la política profesional partidista ya adquieren un estatus de burgueses de tomo y lomo (cfr. los casos de Pablo Iglesias y señora: de descamisados que vivían de alquiler hace apenas 5 años en zonas urbanas de la clase obrera, a vicepresidente y posible ministra del Frente Popular II respectivamente, habitantes asimismo de una flamante mansión que quitara el hipo al más burgués entre los burgueses, ya con la vida prácticamente resuelta en lo económico), su cantinela de siempre, su mantra insobornable al desaliento: "La derecha fascista, la derecha que quiere recortar los derechos sociales (esto es, el aborto, tal vez la eutanasia, la legitimación moral de las movidas LGTBIQ, la aceptación de las excelencias de la ideología de género, el aplauso encendido al feminismo supremacista, la aceptación del relativismo-irenismo imperante, y similares, que estos son los derechos sociales de que hablan los progres como irrenunciables conquistas de la ciudadanía que la perversa derecha pone en peligro), la derecha que es aliada de los ricos..."

Pasteleo, demagogia, palabras desgastadas por el uso y el abuso. O lo que es lo mismo: entre la pasión por la justicia social de un José Antonio Primo de Rivera, el fundador de la Falange, y la pasión por la justicia social de Pedro Sánchez o de Pablo Iglesias (Pedro y Pablo al frente, oh infortunio, del Gobierno de nuestra nación), creo sin duda en la del primero, por muy deextrema derecha que se le considere (fascista y demás sambenitos despectivos a que nos tienen acostumbrados los progres), y no creo en absoluto en la de los segundos (felones, farsantes, enemigos de España, trepas que son), por mucho que ambos se empeñen en el cuento de "somos de izquierdas, somos del Pueblo, somos solidarios, somos a comer de un piñón con los descamisados de la historia, arriba los humildes y los pobres de la tierra, y bla bla bla". 

Bla bla bla, que cantábamos en Barrio Sésamo. Grosera mentira: no hay ni un gramo o ápice de solidaridad con los pobres en tales personajes que viven del metraje de reivindicarse de izquierdas. Yo lo sé, y me basta, por más que igualmente no ignoro que prácticamente la totalidad de los medios de comunicación (¡ay, benditas excepciones!) están al servicio de esta izquierda caviar, golosa, aburguesada, trincona, trepa, sectaria y demagógica. Están al servicio, pero descaradamente, de la manera más servil y abyecta que quepa imaginar, de la agenda globalista de ese cojón del Anticristo llamado Soros. Peones de Soros, esto es lo que son. Y no hay más tutía, ¡farsantes de mil pares de narices!

Y por lo demás, como ni antes tuve ni la tengo ahora la costumbre de acudir a fiestas galantes, fiestas de ricos, de aristócratas, de burgueses, por más que a tales saraos se sabe que también acuden no pocos individuos e individuas adscritos a la izquierda social, cultural, política y sindical (conocida es la desorbitada pasión por los mariscos de un buen puñado de sindicalistasliberados), tampoco por este lado podrían achacarme que antes es que era un descamisado y ahora es que me he convertido en un burgués. 

Con todo, de algo sí creo estar convencido a estas alturas. A saber: ya puedes escribir en grandes letras de oro y plata toda la verdad más rigurosamente contrastada por la investigación histórica sobre la Segunda República, la Guerra Civil, el franquismo y la transición democrática (cfr. los trabajos al respecto de Ricarlo de la Cierva, Luis Suárez, Stanley Paine, Luis Pío Moa, Pedro Carlos González Cuevas, Laureano Benítez Grande-Caballero, Fernando Paz, Juan Ernesto Pflüger, Francisco Torres García, Ángel David Martín Rubio, y un no poco nutrido etcétera de historiadores y hasta periodistas como Federico Jiménez Losantos, Eulogio López, Enrique de Diego...), que de nada va a valer, pues la gran mayoría de los comunistas, sociatas, podemitas, izquierdistas de vario pelaje y perroflautas unidos hasta la lucha final van a seguir repitiendo las mismas sandeces, los mismos tópicos, las mismas mentiras de la lobotomización progre: "Vox es Fox* (conozco un comunicador de estos, comunista recalcitrante, necio, sectario, justificador de terrorismos y narcodictaduras, malvado y descerebrado como él solo, que llama a Vox Fox*, jugando con el canarismo "fos", voz que se emplea para indicar sensación de mal olor), "Vox es el fascismo, son nazis, son franquistas, Franco fue el gran genocida culpable de la muerte de más de un 1.000.000 de personas (hasta de la muerte del torero Manolete, muy probablemente), el 99% de estas, esforzados militantes de la justicia social, y bla bla bla.".

No hay nada que hacer: hijos de las tinieblas, individuos e individuas instalados en el eje del mal, guías ciegos que intentan conducir a otros ciegos, les mueve el odio, el sectarismo, la ruindad. Les mueve el odio a Dios, al Dios Uno y Trino. Y es desde este odio desde el que disparan contra Franco (al que además tal vez no perdonen que contra todo pronóstico derrotara al comunismo en España, apoyado y hasta financiado en aquella hora trágica y fratricida por el tiránicamente todopoderoso Stalin), contra la Iglesia, contra el Orden Social Cristiano, contra el Reinado Social de Cristo.

En definitiva: los comunistas, filocomunistas, podemitas, sociatas, izquierdistas varios y perroflautas (salvo excepciones confirmantes de la regla que pudiera haber, solo Dios sabe) son tan retorcidamente sectarios, malvados y conculcadores de todo lo divino y sagrado, que cuando les echas en cara su complicidad con el terrorismo etarra -y de paso, con el terrorismo de todos los grupos guerrilleros de inspiración marxista o anarquista que por el mundo han sido-, invariablemente te responden con esta estúpida, injuriosa, cínica e insalvable coartada: "Y Franco más, este sí que fue un asesino, un golpista, un genocida". O esta otra: "A los fascistas y nazis del Partido Popular y ahora a los de VOX les ha interesado la existencia de la banda ETA, para sacar de ello rentabilidad política partidista. A decir verdad, hoy por hoy los primeros en condenar a ETA son precisamente los de Bildu".

Desde luego, el grado de indecencia intelectual y moral de ambas declaraciones clama al cielo, por más que sus proferidores manifiesten estar más bien próximos al infierno. Pero es que los comunistas, progres, podemitas, filocomunistas, izquierdistas y perroflautas en general son así (salvadas las excepciones que tal vez pudiera haber, insisto, solo Dios sabe) de descerebrados y malvados.

Como que están alineados en el eje del mal, el eje del Maligno: en absoluto creen en la Ciudad Celeste o de Dios (agustiniana), creen meramente en la Ciudad Secular, mas ni siquiera en lo mejor de esta, en lo más noble, justo, loable, bello y bueno. Y España, ciertamente, ya tiene de católica tan poco, tan poco que... Que por esto mismo han llegado al poder (para alegría de los progreeclesiales, también llamados secularistas, herejes, dizque católicos o seudocatólicos) los enemigos del Dios Uno y Trino, de la Iglesia y de España llamados Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Irene Montero, Alberto Garzón...