Qué fácil y qué rápido. El enemigo huele tu miedo como el cerdo las trufas, y te ataca por el flanco más débil. Prueba el coraje, la determinación y la capacidad de resistencia del adversario y si advierte que flaquea, que se amilana en tablas, que se esconde en el silencio y que abandona a su suerte al objetivo que ha puesto en la diana, redobla la ofensiva con el cuchillo entre los dientes… y vence.

 

Ni en la guerra, ni en la política, ni en una pelea de taberna valen de nada los corpus doctrinales, las grandilocuentes declaraciones de intenciones ni las altisonantes proclamas si no están acompañadas por el valor. El valor primordial que nos obliga, como un juramento, como la palabra empeñada, a no abandonar al camarada, al compañero, al que están zurciendo a puñaladas con las navajas de Albacete, tan letales como las mentiras de los Medios de Comunicación.

 

Qué fácil y qué rápido han vencido. Ya tienen la cabeza de Fernando Paz en una metopa del pabellón de caza de “fachas”, tan frecuentado por Pablo Iglesias, siempre acompañado en sus monterías por los perros periodísticos y políticos de la derecha cuando de delatar, señalar, olisquear, rastrear y abatir “fachas” se trata. Fernando Paz, en su congénita nobleza, creyó estar acompañado de lobos ibéricos para enfrentarse a la jauría… pero estaba solo. Más solo que los Últimos de Filipinas.

 

Pon tus ojos arriba, Fernando, siempre arriba. Y en el amargo trago de la mentira y la soledad recuerda siempre con orgullo el Adiós a las Armas de Luys Santa Marina: “Cuando esto acabe, volveré a mi vida. Ya no sé lo que de ella quedará, mas no podrá faltarme cielo arriba y tierra para andar/Cuando esto acabe, volveré a mi pluma, marchita el alma/Hice lo que debía. Terminada mi guardia, entrego consigna y afán”.