Corrían los años 1947-1948 cuando George Orwell escribió la célebre novela titulada“1984”, y que él quiso llamar “El último hombre europeo “. La tuberculosis le anunciaba el fin de su vida, rodeado de las brumas escocesas que no invitan precisamente al optimismo, y, además, eligió libremente una tarea incómoda: por una parte, parodiar la dictadura de la Unión Soviética, estando recién acabada la II Guerra Mundial, cuando los gobiernos de los países aliados todavía veían en Stalin al compañero de bando; y, al mismo tiempo advertir, a sus contemporáneos, así como a futuros descendientes, del peligro que supone caer en cualquier tipo de dictadura política, o de imposición de un pensamiento único. El mensaje de la novela es terriblemente dramático: si el ser humano pierde su dignidad individual, renunciando a tener criterio propio y a expresarlo libremente, pasa a convertirse en un átomo más del entramado social, la humanidad desaparece en aras de la colectividad.

El valor de cada sociedad resulta de la suma de las individualidades que la componen y Orwell se atrevió a decirlo, elaborando una ficción que cada día es más real, en ese sentido fue un profeta que no deseaba acertar en sus premoniciones.
Pocas semanas, como la pasada, para sentir que el terrible y claustrofóbico mundo de Wiston Smith, el protagonista de la novela, se cernía sobre nosotros, o mejor dicho, que llevamos demasiado tiempo sumidos en él. Y, cuándo nos enteramos de que en Venezuela, (con toda la razón moral y legalidad que le respalda), Juan Guaidó se enfrenta a Nicolás Maduro, nos desazona la actitud del Presidente Pedro Sánchez que no pudo desde el principio colocar a España en el lugar que le correspondía, debía haber sido nuestro país el primero en definirse por lazos históricos, familiares, como cabeza de la Hispanidad dentro de la Unión Europea, sin embargo su falta de convicciones y de principios sólidos le hicieron representar por enésima vez el deslucido papel de don nadie.

Un Presidente de tan escasísima perspectiva histórica no es fiable a la hora de adoptar decisiones, él prefiere dar bandazos a la espera de lo que digan y hagan otros, de esta forma se siente arropado, además tenía que dar tiempo a Rodriguez Zapatero, para que no parezca que su mediación ha sido inútil, o que dónde va la lía parda. Lo que puede dar de sí el expresidente Zapatero demasiado lo hemos sufrido y que sus ocurrencias

son ilimitadas dejó de sorprendernos, pero no es cuestión de esperar a que enderece sus propios entuertos.
La ley de Memoria Histórica de Zapatero es una réplica del Ministerio de la Verdad, que Orwell describe en la citada obra, y cuyo objetivo consiste en reescribir la Historia de tal forma que lo que sucedió en el pasado, o ayer mismo, se adapte a las conveniencias del gobierno actual, y a sus premisas ideológicas, recurriendo incluso a “vaporizar”, a excluir, cualquier hecho o personaje que no concuerde a sus postulados.

También desconcierta y preocupa todo lo que se mueve en torno a las jornadas del Foro Económico Mundial, que han tenido lugar en la ciudad suiza de Davos y a las que asistió Pedro Sánchez. Más de mil vuelos privados para tratar las nefastas consecuencias del

cambio climático es un tremendo contrasentido, a no ser que eso carezca de importancia, o de que se necesite elevar el nivel de CO2 para crear alarma y conseguir que antes de las fechas previstas nos lancemos en tromba a comprar coches eléctricos. El lujo desorbitado, la ostentación, siempre tienen un origen oscuro, o bien un objetivo inconfesable, incluso pueden coincidir ambas cosas, y la mayor parte de las veces se utilizan para comprar voluntades, trasladar consignas y amañar servidumbres.

En Davos también se habló del gran “desafío” que supone el aumento considerable de votantes que exigen “recuperar el control”, o sea recuperar soberanía para sus respectivos países, si eso lo enfocan a modo de desafío señal de que en la Gobernanza Mundial Compartida que pretenden alcanzar caben distintas siglas pero no diversas formas de pensar y de entender la forma de hacer política. Es obvio que durante esas jornadas se dicen y se hacen muchas cosas que exceden a la propia economía, igualmente salta a la luz que el lenguaje empleado guarda una notable similitud con laneohabla orwelliana, pero no han conseguido neutralizar al último europeo, el Cristianismo es una religión de lucha y de esperanza en la que los últimos serán los primeros.