Son evidentes los problemas que actualmente existen en colegios e institutos de enseñanza, mayormente derivados de la desintegración de los valores más básicos que rigen una sociedad civilizada y adelantada.

Pero asombroso es el tema relacionado con la enseñanza y los sujetos de la misma, que son los alumnos, hijos de un sociedad ya bastante desmenuzada y asqueada. Lo que antes era autoridad por parte de un maestro, ahora éste es objeto de constantes linchamientos y falta de respeto por parte de los alumnos y lo que es peor, de los susodichos padres.

Si antes un maestro regañaba y corregía a un alumno por su actitud mezquina en el trabajo, encontraba el educador gran apoyo en el ascendente del sujeto educado, ya que el predecesor apoyaba al profesor y rectificaba (de la manera que fuera) la actitud del alumno en cuestión.

Pero ya no es así; pero claro, como todo a día de hoy. Ahora un alumno falta el respeto constantemente al maestro hasta el punto de no encontrar este último alguna artimaña para defenderse; ni que decir tiene que es imposible la rectificación a base de una buena acción correctora por parte del pobre educador. Para colmo, el individuo, fruto de la sociedad más desquiciada que se recuerda, encuentra el apoyo inmediato de los padres que, evidentemente, son culpables del engendro creado y cultivado.

Se trata de una profesión linchada constantemente con los comentarios suscitados por la sociedad y, además, está muy desconsiderada (todo lo contrario que antaño, donde era muy valorada). Ahora, las pobres criaturas que aún intentar educar y/o enseñar, que se ilusionan por dar su ejemplo en la escuela de un maestro competente, ven pronto su ilusión no satisfecha, y como norma común, encuentran en el día a día una tortura que, en la mayoría de las ocasiones, son el germen de enfermedades psicológicas que deterioran lo más preciado que una persona puede poseer: su salud.

El respeto se ha perdido, y el miedo a la autoridad, también. Hemos dado pie a ello, y todo, si no se remedia (a saber, cómo), irá a peor. El alumno controlará totalmente a profesor y el padre o madre de turno dictará y ordenará al maestro qué materia enseñar y qué calificación poner… El tiempo dirá…