El pasado 28 de abril hubo en España elecciones generales. Esa misma noche, de la que hacen casi 4 meses, se conocieron los resultados de las mismas. Desde entonces a ahora, cuatro meses después, el resultado no ha cambiado. El PSOE continúa teniendo unos pírricos 123 escaños y las chicas de Unidas Podemos 42. Entre los dos 165 escaños. Frente a ellos están PP, C’s y VOX, que en total sumarían 147. Como se dice en el mundo del fútbol, sobre el papel, PSOE y las chicas de Unidas Podemos lo tenían chupado.

Desde el día 29 de abril llevamos una matraca, que ha ido a más estos últimos días, referente a que tanto unos como otras estaban haciendo teatro y lo tenían todo pactado. Hasta el aburrimiento, no han faltado los periodistas que han vaticinado que el acuerdo estaba hecho y que estábamos asistiendo a un postureo. Inmisericordemente nos han estado machacando con sus oráculos al respecto insistiendo en los distintos escenarios a que iban a dar lugar los pactos entre las dos fuerzas de izquierdas, en función de la orientación política de cada uno.

Ahora serías muy fácil traer aquí los versos de Samaniego, que a su vez proceden del poeta Horacio:

Con varios ademanes horrorosos,

los montes de parir dieron señales.

Consintieron los hombres temerosos

ver nacer los abortos más fatales.

Después que con bramidos espantosos

infundieron pavor a los mortales,

estos montes que al mundo estremecieron

un ratoncillo fue lo que parieron.

Pero no trata de eso este artículo, sino de la falta de visión, en general, de los periodistas y los políticos sobre las cuestiones a las que el posible pacto debía dar respuesta y que, por no encontrarla, no se ha producido. No se trata de que hayan tenido más o menos voluntad, que se supone no habrá faltado. Ni tampoco que sea un tema de sillones, aunque en el fondo también. No creo que la cuestión fuera sólo el número de ministerios. Para nada.

Había tres cuestiones encima de la mesa que necesitaban, y necesitan, una respuesta por parte del Gobierno, sea éste del signo que sea. Ordenadas en función de la premura con que se precisa una solución a las mismas, son las siguientes: los Presupuestos Generales del Estado, Cataluña y Navarra. Y lo demás es consecuencia directa o indirecta de estas tres cuestiones.

¿Qué proyecto de Presupuestos Generales del Estado aprobarían socialistas y comunistas? Menos mal que no ha trascendido, porque el pánico que habrían desatado habría alcanzado cotas inimaginables. Cómo debían de ser, que el PSOE de Pedro Sánchez, que no pasa por ser moderado en cuanto al gasto público se refiere, no ha encontrado la forma de coincidir en que eran los mejores para la economía española. Y digo pánico cuando lo más correcto habría sido decir terror.

Con respecto de Cataluña, tema ya cansino, fue imposible acordar nada desde el momento en que el líder de las chicas de Unidas Podemos y sus adláteres hablaban de presos políticos. Siendo así, ya se imaginan cuál sería su opinión con respecto al referéndum de autodeterminación, el indulto a los mamarrachos del parlamento catalán y la vuelta de los valientes fugados. Para mear y no echar gota.

Y por último el tema de Navarra. Hay gente que todavía no sabe que en la Disposición transitoria cuarta de nuestra Constitución hay establecido un procedimiento para que Navarra sea anexionada al País Vasco, pues en 1978 los negociadores del PNV engañaron a los padres de la Constitución obligándoles a que la pusieran como requisito necesario para poder aceptar nuestra Carta Magna y luego, traidoramente, no la aceptaron. Pues bien. ¿Qué va a ocurrir con Navarra ahora que el PSOE de Navarra ha pactado con BILDU y demás fuerzas nacionalistas-socialistas?

Como ven, la cuestión, de resolverse según las pretensiones de las chicas de Unidas Podemos, nos llevaría a un escenario nada halagüeño.

No sé si habrá elecciones o no. Pero en contra de la opinión de muchos, en este caso no creo que sea aplicable lo de “más vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer”.