Estamos a poco más de un mes para la primera de las citas electorales que a buen seguro marcaran el devenir de las siguientes. Con un partido socialista y su secretario general y presidente del gobierno que hacen trampas, juegan con las cartas marcadas, aprovechando todas las estructuras del estado y su posición de superioridad en beneficio propio. Hacen campaña electoral de lo que debería ser un perfil bajo por parte del gobierno, una vez disueltas las cámaras. Es una indecencia y una inmoralidad que el consejo de gobierno adopte medidas exclusivamente electoralistas con la única finalidad de sacar rédito electoral.

Es un grave desprestigio institucional lo que está llevando cabo Pedro Sánchez con sus mal llamados viernes sociales, intentando hacer en pocos días, lo que ha no querido realizar en casi nueve meses de una legislatura infame.

 

No soporto la confusión que tiene la izquierda en general, y muy particularmente el partido socialista de lo público con lo propio. Tienden a confundir con suma facilidad lo que es de todos con lo que creen que es exclusivamente de ellos. Vergonzoso lo que hace Sánchez y sus ministros en provecho propio y partidista, mezclando gobierno y partido socialista y más repugnante aun, resulta como los medios de comunicación tapan y sirven de coartada perfecta, a la indecencia socialista. Sánchez no está dispuesto a perder esta cita electoral, no desea le suceda lo que le paso a Susana Díaz en Andalucía, no quiere sorpresas y ha puesto toda la maquinaria a trabajar, sin importarle si los medios utilizados son estatales o del partido, confunde maliciosamente su posición de secretario general del partido socialista, con la de su cargo de presidente de todos los españoles.

 

Sánchez ha fagotizado a un Podemos que está en caída libre, le ha comido el mensaje y el discurso, con un Pablo Iglesias que sigue sin querer ver el alto coste de su casoplon en Galapagar y que ni siquiera sus reiteradas alarmas anti fascistas consiguen tapar el escándalo que para los votantes de la organización morada ha supuesto las contracciones de lo que se dice con lo que se hace, eso, junto con los cadáveres políticos que va dejando por el camino el gran macho alfa, hace que la organización haya perdido frescura y credibilidad. Podemos corre el riesgo de desaparecer en la comunidad de Madrid con la irrupción de Iñigo Errejon y su apoyo a Manuela Carmena, amén de la decisión de varias de sus confluencias a nivel nacional, de no concurrir con la marca podemos y hacerlo de forma separada, lo que deja a los comunistas con una estructura territorial muy exigua. El voto útil en la izquierda lo acapara sin lugar a dudas el partido socialista.

 

En la derecha, el que llega tarde y posiblemente a destiempo, es Pablo Casado, cuyas declaraciones son continuamente puntualizadas y matizadas por el gran barón popular Gallego, que es Núñez Feijoo. Casado habla de recuperar principios y valores mientras Feijoo esta vigilante y le lleva la contraria en toda cuestión ética o moral en el que Casado se mostraba más firme. El votante está confuso mientras el partido popular pierde fuelle y su vieja estrategia de apelar al voto útil, ya no es creíble. Es muy posible que el votante conservador ya no se crea las continuas mentiras de los populares a lo largo de su historia más reciente y prefiera otras opciones más claras y menos tibias. Ya no se trata de pensar una cosa y hacer la contraria, se trata de decir lo que se desea hacer.

 

Los populares han perdido la iniciativa, y aunque mantienen una estructura territorial fuerte, ya no se les percibe como el mal menor, cuando se puede optar por otras alternativas con iguales o mayores posibilidades de obtener éxito político. Lo que suceda en las generales y la gestión que se haga de esos resultados, marcaran el futuro de las europeas, locales y autonómicas.