El almirante cántabro Don Luis Carrero Blanco (1904-1973), un hombre admirable, por cierto, al que se le debería conocer y valorar mucho más de lo que se le conoce y valora en este país, con el seudónimo ''Juan de la Cosa'' en ''Las Tribulaciones de Don Prudencio'', escribió, entre otras cosas, en un artículo titulado, ''Mientras quede uno en pie'' del 12 de junio de 1946 sobre las atrocidades que también tuvo que sufrir la Marina española de parte del Frente Popular.
 
''De 649 almirantes, jefes y oficiales del Cuerpo General de la Armada, 243 fueron asesinados, y de 601 generales, jefes y oficiales de los demás cuerpos de la Marina, 65 corrieron la misma trágica muerte. 431 huérfanos y 158 viudas fueron víctimas directas de esta incalificable salvajada, y España y la Marina perdieron a sus mejores servidores''.
 
Además, encontré en su momento, estas palabras de Carrero Blanco. Son del 21 de febrero de 1961, y están extraídas del interesante libro ''El Almirante Carrero'' de Carlos Fernández.
 
''En el mundo existen tres internacionales poderosas, con enormes medios de captación y propaganda , que tienen repartido su dominio por la casi totalidad de los órganos de información, Prensa, Radio, Televisión, editoriales, etc., que cada una por su cuenta y con sus fines propios, pretenden dominar el mundo y ejercer un totalitarismo universal: la Internacional comunista -cuya dirección lleva Moscú aunque le ha salido un peligroso competidor en China-, la Internacional Socialista y la Internacional Masónica. Para la tres, la situación más favorable para ejercer su influencia y su dominio sobre los distintos países, es que éstos tengan regímenes democráticos a base de partidos políticos y de otra serie de libertinajes en los órganos de expresión que consientan las más escandalosas propagandas en contra de los particulares intereses de la nación en cuestión, pero al servicio, claro está, de la Internacional de turno. Con los partidos políticos (entre los que tiene que existir el socialista y el comunista) y entre cuyos miembros  pueden infiltrarse gran cantidad de masones, los gobiernos acaban por estar formados por hombres que, por unas razones u otras, están al servicio de cualquiera de estas tres Internacionales y la nación acaba perdiendo de hecho su libertad en lo económico y en lo político. La realidad de la inmensa farsa en que vivimos es que no interesa la democracia por lo que afecta a la libertad del individuo y de las naciones, sino por cuanto ésta, bajo los partidos, favorece la dominación de las naciones''.
 
Más claro, yo creo que imposible.