Julen, el niño de dos años que fue rescatado sin vida a los 13 días después de caer en un pozo en la localidad malagueña de Totalán, se encontraba debajo de un tapón de 33,180 kilos de tierra y piedras. Su cuerpo presentaba, además de una fractura craneoencefálica, otras heridas post-morten.

 

Las causas específicas de las lesiones todavía están generando numerosas dudas y se está haciendo lo posible para esclarecer los hechos. Para ello, el abogado de David Serrano, que está siendo investigado por no haber cerrado el pozo, encargó un informe a un arquitecto, que, habiendo estudiado las grabaciones y otras informaciones que forman parte del sumario y que se centra entre las 15.30 y las 00.00 horas del día de la caída, señala como una de las conclusiones que “las actuaciones con la piqueta, diez impactos en total, entre las 17.30 y las 21.00 horas del día del incidente es lo único que físicamente pudo producir las heridas en la cabeza y cráneo del menor”, destacando asimismo que, tras extraer la piqueta por última vez, se recogieron de su extremo ocho pelos del menor, tres de ellos con raíz telógena, de modo que se llega a preguntar qué otra tesis alternativa a la del impacto directo contra la cabeza del menor puede llegar a explicar la presencia de esos restos biológicos en la punta de la piqueta, aunque es cierto que no había pelo. También es cierto que podría evitarse la atribución de la muerte de Julen al propietario de la finca si los padres del niño conocieron la existencia y localización del pozo.

 

Según la Sentencia del Tribunal Supremo 955/2007, “la relación entre la acción y el resultado no se limita a la comprobación de la causalidad natural, sino que dependerá de la posibilidad de la imputación objetiva del resultado de esa acción”. Hay supuestos de ruptura de la imputación objetiva entre los que se pueden incluir los abarcados por el principio de confianza, conforme al cual no se imputarán objetivamente los resultados producidos por quien ha obrado confiando en que otros se mantendrán dentro de los límites del peligro permitido, así como las exclusiones motivadas por lo que doctrinalmente se denomina la prohibición de regreso, referidas a condiciones previas a las realmente causales, puestas por quien no es garante de la evitación de un resultado. Pablo Salvador Coderch y Antonio Fernández Crende resumen las ideas de ambas teorías utilizadas por el Tribunal Supremo en materia de responsabilidad señalando, en un trabajo titulado “Causalidad y responsabilidad”, que “los deberes de precaución de cada cual se establecen teniendo en cuenta que los demás también observarán los suyos”, de modo que “la diligencia propia presupone la de los demás” y que “no cabe retroceder en el curso causal e imputar a un agente las consecuencias originadas por la interposición del comportamiento ilícito de un tercero”.

 

David Serrano debería ser absuelto si se terminara imputando el fallecimiento de Julen al equipo de rescate o si se acreditara que los padres del niño conocían la existencia y la localización del pozo y que no obraron con ladiligencia debida. La primera opción no parece muy adecuada para la estrategia de defensa, pero si la segunda.