¿Es que no te contaron que tan importante como hacer las cosas es hacerlas bien? Seguro que faltaste los días que lo explicaron en clase. ¿Estabas con fiebre o disimulaste que estabas enfermo y falsificaste un justificante? Carlos, si hubieras estado esos días, conocerías varios fragmentos de nuestros poetas. Mira vamos a hacer una cosa. Te los cuento y ya me dices si, después de leerlos lo habrías hecho igual. ¿Te parece? Por si acaso, aviso que el orden no es cronológico.

 

El primero es de Antonio Machado: “Despacito y buena letra, que el hacer las cosas bien, importa más que el hacerlas”. ¿A cuento de qué haberlo hecho todo con tanta premura? A escondidas, como si fueras un ladrón, aprovechando que el Jefe estaba de viaje. ¡Pero hombre! No te has despedido de nadie. Así no vas a hacer muchos amigos.

 

El segundo texto es del Cantar de mío Cid. Ya tiene unos años, y va referido a un traidor: “no digas que no te aviso, que de dentro de Zamora, un alevoso ha salido; llámase Vellido Dolfos,  hijo de Dolfos Vellido, cuatro traiciones ha hecho, y con esta serán cinco.” Es que, lo sepas o no, has ingresado en el selecto club de los que, muchos de los que tú conoces, llamarían “los traidores”. Fíjate que fino fue el poeta recordando al progenitor del tal Vellido.

 

Otra poesía donde se cuenta algo que tiene relación con tu paso de un partido político a otro de la forma en que lo has hecho se llama “Profecía”, y la escribió Rafael de León. El verso dice así: “Tú, cada noche, entre sueños, soñarás que me querías, y recordarás la tarde 
que mi boca te besó. Y te llamarás ¡Cobarde!, como te lo llamo yo,”
. Seguro que sonreirás, pero estoy convencido que, aunque no lo digas, más de una noche te pasará eso. Como sé que conoces a más de uno que te recitaría gustoso esos versos, aunque la parte del beso no sea tal cual y sea una metáfora de la lealtad que le prometiste.

 

A lo mejor, tampoco fuiste a clase de Religión. Puede que no te suene el de uno que vendió su primogenitura por un plato de lentejas. Se llamaba Esaú. Y había otro a quien le dieron treinta monedas, pero seguro que del nombre de ése sí te acuerdas. Y si no es así, piensa en un nombre judío que con toda seguridad has escuchado hoy más de una vez. ¡Es ése!

 

¡Ah! Que no se me olvide. En Historia también se trató este asunto. ¡Claro, como no viniste a clase! Pero bueno, a lo mejor lo has visto en la película “lLos 300!”. Sí hombre. El jorobado feo, verrugoso, giboso y contrahecho con cara de Quasimodo que, contrariado contra su rey, le traiciona y se pasa a los persas indicándoles cómo atacarles por la espalda en el paso de las Termópilas. ¿No te acuerdas? Se llamaba Efialtes. Fíjate si hace años de eso, pero la gente todavía se acuerda del nombre del traidor.

 

No quiero cansarte. El último caso es el de un tal Viriato, hispano, como nosotros, que en tiempos de Roma se enfrentó a ella y, unos cuantos de los suyos, a escondidas, pactaron con los romanos y le asesinaron mientras dormía. Te lo digo porque no te extrañe que haya quien se alegre que, si alguna vez vas a cobrar la deuda que piensas que te deben, te digan lo mismo que les dijeron a los felones que le asesinaron: “Roma no paga a los traidores”.