Viktor Frankl, creador de la logoterapia. Frankl abordó el tratamiento de alteraciones mentales desde una perspectiva existencialista, innegociablemente humana, muy centrada en la fenomenología y lo subjetivo. La logoterapia del médico judío vienes Viktor Frankl es difícilmente comparable con las diabólicas formas de intervención psicoterapéutica contemporáneas, drogar a cascoporro al paciente, asemejándose nuestra sociedad a una brutal manicomio químico.

Mientras los nazis emponzoñaban el lenguaje y el alma alemana, a millones de judíos les eran saqueadas sus vidas, sus haciendas, sus sueños, su futuro. Viktor Frankl sobrevivió a la Shoah. Nos lo contó. Se lo agradeceremos eternamente.

Amor

La mujer de Frankl falleció en otro campo de la muerte. De semejante contingencia supo Frankl acabada la guerra. El anhelo de un posible reencuentro entre esposos jamás se produjo. Pero tal desideratum significó el combustible esencial que marcó la experiencia concentracionaria de Frankl.

Entonces, interpelación crucial, se pregunta Frankl. ¿Qué nos alimenta ante la adversidad, tan extrema en los diversos campos del espanto y el horror? La respuesta de Frankl es que, en esencia, la salvación del hombre está en el amor y se produce mediante el amor. El amor a un ser amado o, incluso, el amor a una obra. O el amor dedicado al Altísimo. Eso sí, su esposa, reflejo divino, su norte. Amor y creatividad, en definitiva, acontecen (muy) sólidos cimientos sobre los que se edifica la expectativa y el sentido de la vida.

Clarividentes réplicas al "¿por qué vivir?". Salimos de nuestro enclaustramiento narcisista y decidimos cumplir una digna y honorable tarea. Con algo. O con alguien. Como se afirma en el libro, Frankl “sólo sabía una cosa, algo que para entonces ya había aprendido bien: que el amor trasciende la persona física del ser amado y encuentra su significado más profundo en su propio espíritu, en su yo íntimo. Que esté o no presente, y aun siquiera que continúe viviendo deja de algún modo de ser importante”. Un recuerdo agradecido al ser amado. Una vida decorosa, justa, decente. Asevera Frankl que “nadie tiene derecho a cometer injusticia, ni siquiera aquél que fue tratado injustamente”. Se cumpliría un cierto destino. Citando a Nietzsche, Wie man wird, was man is, llegando a ser el que uno es. A la manera, también, del vate griego, Píndaro.

Un por qué, cualquier cómo

En un determinado momento Frankl escribe: "Las palabras de Nietzsche: ´Quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo" pudieran ser la motivación que guía todas las acciones psicoterapéuticas y psicohigiénicas con respecto a los prisioneros. Siempre que se presentaba la oportunidad, era preciso inculcarles un porqué —una meta— de su vivir, a fin de endurecerles para soportar el terrible cómo de su existencia. Desgraciado de aquel que no viera ningún sentido en su vida, ninguna meta, ninguna intencionalidad y, por tanto, ninguna finalidad en vivirla, ése estaba perdido". Fin de la cita.

La frase del genio prusiano difiere algo: "Quien tiene un porqué [para vivir] encuentra un cómo". Aunque la cita no es exacta, captura el espíritu del adagio nietzscheano, brutal denuncia de las vidas superficiales, toscas y hedonistas. La frase de Nietzsche con la que se identifica nuestro autor afirma el propio sentido de la vida, ensalza la propia voluntad (no el voluntarismo), apuntalando una suerte de Der Wille zur Macht, voluntad de poder, de superación, de trascender la pamplina existencial.

Grandeza

Se nos susurra acerca del admirable y lujoso detalle de atinar con el sentido o significado vital. Sentido y significado, inspirando magnánimas acciones. Lo genial y lo heroico, lo justo y lo sabio. Grandeza es aquello que no es deudor de las contingencias o de las eventualidades para hallar espesor existencial. Tras ello, se asumen las miserias y glorias que sobrevengan. Se instituye un poder que nos prende, tanto por la resistencia del ser humano como por su capacidad de transfigurar el mundo contiguo. El cómo, a su lado, peccata minuta.