“Pensar como unos dicen y actuar conforme a unos patrones ya marcados desde arriba”. Así es la democracia de hoy en día, la cual no admite ideas que no se correspondan con lo políticamente correcto y que, si se piensa de una forma “no previsible” pues, evidentemente, se condena por aquellos demócratas que viven y comen de la democracia a la que tanto defienden, como si esta fuera un sistema justo e igualitario. Y una p…

Porque ahora hay que ser políticamente correcto porque, si no, se mueve todo el sistema en contra tuya. Intentarán, de un modo u otro, alcanzarte para humillarte, o para en el mejor de los casos, silenciarte.

Porque yo, aunque no sea partidario de la democracia actual basada en el sistema o enjambre de partidos políticos (como ya comenté en otro de mis artículos), sí es verdad que Vox, ahora mismo; aunque vamos a ver qué derroteros sigue, pues aporta al sistema electoral una serie de ideas en la que muchos creemos, y que no son ni conservadoras ni progresistas ni mierdas de esas, sino que son lógicas, coherentes y reales.

¿Y qué es lo que pasa? Pues claro, si Vox, en unas elecciones, de cualquier ámbito geográfico, alcanza un resultado significativo, pues todo el bloque progre se vuelca en decir lo siguiente (más o menos): “Estamos retrocediendo cuarenta años; aniquilemos la extrema derecha”. Fue curioso, al menos, aunque no sorprendente, el estado de enajenación de Susanita Díaz cuando Vox consiguió fuerza en el Parlamento Andaluz. Nada más conocerse, y bajo un estado de desorientación y rencor, no paró de cebarse con Vox y mencionar (hasta unas veinte veces) “la extrema derecha”. O sea, para la señora Díaz, la democracia es votar siempre lo que ella diga, y si no, el sistema no vale o hay que reformarlo. Y así piensan el resto de los demócratas, incluso la derechita cobarde, o la veleta naranja.

Y es que, aunque no crea en los partidos políticos, como dijo nuestro gran Caudillo de España, Vox empieza a decir cosas que estaban olvidadas y que el Partido Popular jamás se atrevía a decir. Porque ahora, podemos apreciar que, de una forma tenue, la democracia ha dado un salto de calidad en cuanto a la diversidad de ideales en el ámbito político.

Termino contando una anécdota que, a modo personal, me hizo ver dónde estaba y qué debía hacer para con mi sociedad. Recuerdo en mis años de estudiante de bachiller; pese a estar en un colegio de jesuitas o lo que quedaba de su ellos, vivía una constante desazón por tener que defender mis ideas cristianas y conservadoras frente a profesores progresivas e intolerantes que, por cierto, vergüenza debía de darles tener que comer de una institución en la que no creen. Y cómo no, yo tenía que imponerlas ante unos individuos (profesores) que, bajo un crucifijo, me machacaban en mis resultados por pensar como siempre he querido; y lo peor de todo, buscaban la animadversión por parte de mis compañeros, los cuales me tachaban, pero también “peloteaban” ante los mismos para conseguir resultados que se veían, en la mayoría de los casos, influenciados por aspectos no académicos. Fue ahí cuando terminé de forjar mi ideología crítica; y valorar que, en este país, algo estaba pasando y algo había que hacer… Y eso es lo que estamos haciendo y haremos mientras que nuestro Señor nos deje estar por este mundo que Él nos regaló.