En vez de cruzar el Rubicón jugamos a la ruleta rusa con las urnas. Aceptamos de buen grado, si acaso con algún puchero de reproche y pataleta, las sentencias plebiscitarias que llenan de munición las troneras de los revólveres de los que quieren destruir la Nación Histórica, disolviéndola “democráticamente” en el potaje plurinacional que, cocinado en los pucheros comunistas y separatistas, se dispone a servirnos Pedro Sánchez, “digno” heredero de Negrín y de Largo Caballero, de Indalecio Prieto y de Zapatero, su botarate genético más próximo y cercano.

Amadeo de Saboya se despedía del pueblo español con unas palabras que preludiaban los abismos turbios de sangre a los que la I República arrastró, también “democráticamente”, a España: “…los enemigos de la Patria no son extranjeros, son españoles. Imposible hallar el remedio para tamaños males. Lo he buscado ávidamente dentro de la Ley y no lo he hallado”. Después, el desastre federal, cantonal… plurinacional, diluyendo a España en la bazofia sentimentaloide de la aldea, disolviendo su Historia y su Cultura en anacrónicos “derechos” prehispánicos voceados por los buhoneros de la política y “legitimados” en la ruleta rusa de las urnas, hasta que raudo, como un latigazo, el General Pavía cruzó el Rubicón.

La muda elocuencia de los hechos, de la Historia, no espabila a los españoles de hoy con los ecos del pasado. El pueblo español, amodorrado entre la ordinariez privada y la irreverencia pública, prefiere irse a dormir como el niño que se acuesta y deja para mañana el problema de su juguete roto: la Nación que no percibe y la Patria que le han robado.

Mañana, vestidos de humedad y viento, acunaréis a vuestros hijos con los versos de Ramón Cué Romano: “Aunque sintamos que España va a dejar de ser/ dormid en paz ya aprendimos bien cara la lección/ estad seguros, no haremos nada/ Ni vuestros hijos, ni vuestros nietos/ ni vuestras esposas, ni vuestras hermanas./ No habrá otra vez más viudas, ni más huérfanos/ mi más novias frustradas/ Es un lujo muy caro/ Hay que ahorrarse las lágrimas/ Estad seguros: dejaremos rodar las cosas/ No haremos nada/ ¿Para qué?, si es locura, si es insensatez querer salvar a España.”