Cuando algo monstruoso se cierne sobre nosotros, los hombres y los pueblos tendemos a la incredulidad, a buscar refugio, consuelo y amparo en el inútil “no puede ser”. Hacemos cábalas con las posibles e imposibles combinaciones aritméticas parlamentarias para espantar el miedo y aferrarnos a la infantil esperanza del “no puede ser”… un Gobierno como el que nos espera.

Y cuando los números, las posibilidades y las probabilidades nos muestran las evidencias de nuestro miedo, el miedo de los culpables, buscamos soluciones balsámicas en esperanzas esotéricas: “Europa no lo va a tolerar y los empresarios tampoco”. Hemos hecho de Bruselas la Jerusalén de nuestros infantilizados deseos y del IBEX-35 el arcano de nuestra “libertad”, convirtiendo a esos dos centros de Poder en los pretorianos de nuestro modus vivendi, porque ignoramos que los piratas y los mercaderes apátridas solo se comprometen con la rentabilidad, real o en potencia, nunca con la libertad de los hombres ni de los pueblos.

Ahora, hoy, Bruselas y el IBEX-35 hacen cuentas en sus ábacos para extraer el máximo beneficio posible del gobierno “imposible” que socialistas, comunistas y separatistas están cocinando, a falta sólo de la farsa de la investidura de Pedro Sánchez, el mercenario del Poder sin patria, el corsario de la política sin alma, que ha ganado las elecciones porque más de la mitad de los españoles son como él, y a la otra mitad le da mucho miedo alejarse de los predios constitucionales en los que jamás florecerá la esperanza de la España que íntimamente desean, pero por la que no están dispuestos a hacer más esfuerzo que el de ir “democráticamente” a votar. El miedo de los culpables acaba siempre llorando sobre la leche derramada. La mitad de los españoles que son como Pedro Sánchez lloran de alegría, la otra mitad llora de miedo, y los que no somos como ninguno de ellos, y además llevamos cuarenta y cuatro años advirtiendo de lo que nos iba a pasar a todos, lloramos de rabia.

Estaba escrito en el eterno retorno de la Historia. El Frente Popular ha vuelto con sus odios rancios y sus venganzas aplazadas. El miedo y las lágrimas no son sus antídotos. Las recetas contra su odio y su venganza no las dispensan en los ambulatorios constitucionales.