Por más que produzca consternación y asombro a estas alturas de la película, lo que sigue es un extracto de lo que piensan de Matteo Salvini los católicos progres (no faltan las voces que los tildan sin ambages de seudocatólicos) de un portal de Internet de cuyo nombre no me quiero acordar. Estos diletantes, a la vez que cierran filas en torno a toda la hez anticatólica que pulule por esos mundos de Dios, califican sin ningún reparo, pudor y sin ningún fundamento, de «extrema derecha, neofascismo, neofranquismo» a todo lo que les suene a pensamiento católico patriota e identitario, o a todo lo que según su alucinado, falsario o infundado argumentario en favor de un supuesto espíritu del Concilio Vaticano II, vaya en contra de este. Es el fragmento que sigue:

 

 

¿Qué hace Salvini con una cruz como collar al cuello? ¿Qué hace ese infame y mediocre politicastro enarbolando el Evangelio en sus mítines? Denunciemos su hipocresía, y que lo denuncie la propia Iglesia desde el púlpito, tan dada a veces a soflamas menos justas y más interesadas. “Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me acogisteis”, que empiecen todos los que dicen defender los valores cristianos de Europa por esta frase del Evangelio. Que todos los conservadores sean consecuentes con sus propios postulados y que conserven de verdad lo mejor de nuestra tradición europea: el predominio del bien común y la inclusión del otro como uno más de nosotros.

 

 

Causantes directos del vaciamiento de los templos católicos por causa o mediación de sus propuestas de ultramundanización de la doctrina de la fe ("a fin de que la Iglesia se amolde al mundo y no al revés, el mundo iluminado a la luz del Evangelio"), los ultraprogres pululan por la Iglesia y sobre todo por el extrarradio y las fronteras de la misma acaso porque los obispos no se deciden a llamarlos por su nombre: herejes, moscas cojoneras, enemigos del Magisterio… Obispos, ciertamente, que no ejercen, salvo honrosas excepciones cuya calidad y número solo Dios conoce, de pastores celosos en proteger a las gentes sencillas del tóxico influjo de toda esa caterva de herejes y ultraheterodoxos. 



Pero de casi nada cabe extrañarse hoy día: la Iglesia católica atraviesa la peor crisis sufrida en su bimilenaria historia, una crisis que amenaza con hundir la Barca de Pedro, que hace aguas por todas partes (las expresiones son de Benedicto XVI), desgobernada y dejada de la mano de Dios por tantos pastores sumidos en la apostasía, el mundanismo, la masonería, la buena vida burguesa, el servilismo a los intereses y postulados del sorosiano Nuevo Orden Mundial...  



Y no parecen tener además ni la más mínima vergüenza y yo diría que tampoco tienen sentido del ridículo estos progreeclesiales. O sencillamente es que son unos retorcidos y malintencionados. Ya es que da asco y repelús el acercarse siquiera a sus postulados babosos, demagógicos, ultrasecularistas, mundanos y anticristianos. 



Estos tipos y tipas dizque católicos que se permiten recomendar el voto para PSOE, Podemos, Equo, Izquierda Unida, Nueva Canarias y resto de grupúsculos de la izquierda más ferozmente anticatólica, atea e históricamente genocida, ¿cómo tienen la poca vergüenza de exponer en público y en sus publicaciones ese pensamiento sobre Matteo Salvini? 

 

 

A decir verdad, el político italiano (sí, dicho sin ninguna vergüenza, sin ningún ánimo de canonizar al personaje, y por más que las horas actuales de Salvini no sean acaso las mejores en su carrera política luego de haber perdido sus responsabilidades como vicepresidente del Gobierno y Ministro del Interior de la República italiana) tendrá sin duda mil defectos personales de todo tipo, mil y una limitaciones de toda índole, y habrá cometido errores de bulto y, por cierto, nunca se insistirá lo suficiente en que ni siquiera los partidos tradicionalmente considerados católicos integristas (los de la máxima alianza posible entre el trono y el altar) encarnan en plenitud el Evangelio, vale, solo que como adalid o impulsor de los valores de la tradición cristiana, que son la base de la cultura occidental que precisamente Europa ha exportado al mundo, Matteo Salvini queda convertido en amigo (o llámese aliado, colaborador, simpatizante, allegado...) de los que sueñan y luchan por el concepto de Reinado Social de Cristo, por la Realeza de Cristo: verbigracia, toda la obra literaria del  sacerdote argentino Leonardo Castellani (1899/1981) consiste en un titánico y no poco genial esfuerzo por alumbrar las mejores condiciones para el advenimiento de ese Reinado Social de Cristo, que precisamente partidos como los mentados (PSOE, Equo, Izquierda Unida, Nueva Canarias, Pacma, Podemos, Ciudadanos...) se encargan de negar, combatir, conculcar.



Y todo esto afirmado por más que estos tocapelotas progreeclesiales (aunque algunos den clase en facultades teológicas de la Iglesia, presidan revistas supuestamente católicas, o hasta hayan sido ordenados, desde luego exhiben un pensamiento que ya no es católico, tipo José María Castillo y otros progresaurios por el estilo) a las primeras de cambio lo llamen a uno también «facha, fascista, ultracatólico, retrógrado, preconciliar»…

 

 

Y perras para el cine, añadiría yo, so farsantes, termitas demoledoras de la única Iglesia de Cristo, ultrasecularistas y demagogos.