Se produjo la triste desgracia, y lo consiguieron: lograron sacar al Caudillo de la casa de la reconciliación. Hogar de los españoles que cayeron defendiendo ambos bandos: el nacional y el republicano.

Todo estaba dispuesto para el momento en el que quisiesen ellos. Tenían unos meses para hacerlo. No importa el cómo, sino que había que hacerlo. Todos los males del país se solucionarían haciendo de capullo y desenterrando a una criatura que descansaba en paz y que siempre estuvo muy por encima de cualquiera del más competente de todos los incompetentes y cobardes socialistas.

Ahora, a estas alturas, ya podemos decir que no les interesa seguir en el gobierno, pese a serlo en funciones. Y es que su misión se ha visto cumplida. Con solo hacer esto ya le merecía la pena poner el culete en la silla de Moncloa a Don Pedrito. Él y sus secuaces, con la señora Carmencita Calvo programando la irrupción de la confrontación escondida hace décadas, han logrado el rencor y la ira de gran parte del país, y muchos los tenemos ya en la lista negra.  

Esta gente debería pagar con ello, pero claro, como la justicia es función del apoyo de la masa social basada en votos, pues poco hay que hacer. Y es que deberían tener unos castigos tan grandes como consecuencia de reabrir algo que estaba cerrado y que forma parte de la historia más negra de nuestro querido país: la confrontación de hermanos en la contienda civil española.

Zapatitos fue hombre-récord en la devastación de un país, pero Pedrito lo puede batir si le damos un poco más de tiempo.

Soy cristiano y católico, pero creo en la resurrección de la carne poco o nada. Aunque sí creo que el espíritu de Don Francisco saldrá para colocar a estos imbéciles.