Felipe González, en un acto celebrado para homenajear a Gregorio Peces-Barba, afirmó, al hablar del problema de Cataluña, que “solo hay una salida seria, que es la federalización”. Precisamente, Pedro Sánchez, en un artículo titulado “Siempre hay tiempo si hay voluntad” que se publicó en El País en el año 2015, indica que “estamos convencidos de que, en el marco de una reforma constitucional de corte federal, podremos delimitar las competencias del Estado, de Cataluña y del resto de Comunidades, reconocer las singularidades, constitucionalizar los principios que configuren la financiación autonómica para garantizar su suficiencia, su carácter equitativo y la solidaridad interterritorial, disponer de un Senado federal que permita la participación efectiva de las Comunidades Autónomas en el gobierno del conjunto”.

 

Ciertamente, el Estado autonómico restringió la posibilidad de constituir España como un Estado federal, que, según lo afirmado en el artículo “El parche autonómico y la solución federal” por Javier Pérez Royo, “el Estado Federal es una solución, en la medida en que es la propia Constitución la que define la estructura del Estado”. Sin embargo, son muchas las razones que justifican que los líderes independentistas quieran evitar a toda costa la creación de una federación de Estados en España, pues un Estado federal siempre implica una igualdad absoluta entre los territorios, que no existe en este país y que no gustaría implantar a aquellos líderes autonómicos que consideran que los ciudadanos que residen en sus territorios son más importantes que los habitan en las restantes Comunidades Autónomas. Además, el sistema federal, por regla general, incluye cláusulas de preferencia del Estado más contundentes que las que hay actualmente en la Constitución de 1978.

 

La solución más seria y más viable para el problema del secesionismo catalán no es otra que la de conseguir la recuperación, por parte del Estado español, de las competencias sobre educación, que han sido empleadas en las Comunidades Autónomas para remarcar las diferencias y para destruir las posibilidades de integración de todos los ciudadanos que se requiere en un país como España.