Podría ser, digo yo, porque ha cateado el anterior… pero no, todo lo contrario, ha aprobado y con buena nota, porque en la retorcida y anacrónica mente de un Sánchez cualquiera, Margarita “mofletes” lo ha hecho bien, muy bien, ya que de lo que se trataba era de tener a los militares bajo la bota malaya.

A los frentepopulistas los militares siempre les han producido urticaria, desconfianza, pues no en balde está en sus genes sentir repelús por todo lo que suponga autoridad, disciplina y orden –excepto cuando es revolucionaria y bolchevique-- y, claro, los militares son, por excelencia, gente de reglamento, o sea, de autoridad, disciplina y orden. Por esa aversión se dio la paradoja de que ni Largo Caballero ni Negrín declararon el “Estado de guerra” durante nuestra Cruzada de Liberación del marxismo 1936-39, porque no querían que por tal hecho la autoridad recalara en los militares; lo hicieron en Febrero de 1939, sólo unos días antes de la liberación de Barcelona, cuando ya todos los “luchadores por la libertad y la democracia” se habían largado o estaban en ello y nada les importaba más que salir por piernas con el bolsillo bien repleto, claro.

Pero la causa de que Margarita “mofletes” repita curso es mucho más profunda y… torticera. Como la que se avecina es de órdago a la grande, como la que estos nostálgicos de la checa y el tiro en la nuca, de los cadáveres en las cunetas y de las mojas y sacerdotes cortados en rodajas saben que lo van a intentar otra vez, necesitan al frente del Ministerio de Defensa a alguien con las características de un genízaro que, llegado el momento, imponga… autoridad, disciplina y orden… ¡qué paradoja, verdad! Pero, eso sí, de las rojas, de las marxistas, de las revolucionarias y totalitarias, y no cabe duda de que, a pesar de los batacazos judiciales que durante el curso anterior sufrió Margarita “mofletes”, ésta pobre mujer, que ni vestida de rojo levanta nada, es la indicada.

Claro que la labor de aherrojamiento de las FFAA no es tan difícil porque sus componentes vienen demostrando desde hace décadas que “los militares sólo sirven para obedecer” (Narciso Serra, ministro entonces de Defensa, dixit hace años en el salón de actos de cierto centro militar ante numerosos militares de los cuales ninguno tuvo las agallas para chistarle).

El problema interno de las FFAA es muy grave, más de lo que muchos se piensan, por eso la labor de Margarita “mofletes” no resultó, ni resultará, especialmente difícil.

Las actuales FFAA adolecen de la necesaria y férrea unidad interna en cuanto a ser conscientes de cual es su misión verdadera y única, la razón de ser y de existir, que no es otra que la que define el artículo 8º de la Constitución, mandato directo del pueblo soberano, el cual se pasan por el arco sin pestañear; todo lo que no sea eso, máxime en los tiempos que vivimos, consecuencia de los abandonos e incumplimientos de ese mismo artículo durante décadas, es falso, una forma de eludir sus obligaciones, es decir, que todas esas pretendidas misiones en el exterior, que es a lo único que se dedican, es un subterfugio pobre y barato --excepto en su coste material, dietas incluidas--, para fingir que hacen, para huir del combate verdadero, para no cumplir con lo que juraron… ¿será que perjuraron?. Definirse, como hacen, como “el gran mudo” es una cobarde estupidez. Como hemos apuntado, la cuestión es que en el seno de las FFAA hay una profunda división sobre tan esencial asunto de forma que nadie se atreve a dar un paso porque no se fía de que le vayan a dejar con el trasero al aire… o incluso porque está seguro de ello.

El otro problema importante es la disciplina, porque la profesionalización de las FFAA ha conllevado el deterioro hasta niveles increíbles e intolerables de la disciplina, esencia de toda fuerza armada. No la hay. Y, por ende, no hay autoridad y… falta el orden. Todo pende siempre de un hilo, de la buena… o mala voluntad del soldado de turno, del suboficial o de los superiores. De ahí también lo que hemos dicho sobre la falta de unidad. Pocos, muy pocos, miran de frente a su superior jerárquico, a su compañero o a su subordinado.

Para colmo, en vez de coger al toro por los cuernos, todos, unos y otros, optan por refugiarse en lo material, de ahí esa constante llantina pidiendo más y más presupuesto, mejora de equipos, etcétera, para hacer que hacen, pero que no pueden hacer más porque no tienen con qué. De lo esencial, es decir, del espíritu, ni se habla.

No les quepa la menor duda de que Margarita “mofletes” es la indicada para repetir curso y de que va a volver a aprobar y con nota, entre otras cosas porque las FFAA están tocadas y hundidas, por lo que nada se puede esperar de ellas, sino más de lo mismo, que es peor.