En junio de 2016 ganó el Brexit, y tanto los comunicadores de las televisiones inglesas como los del continente se mostraron contrariados y preocupados. Según ellos, los ingleses habían optado por la opción incorrecta. El día 2 del mismo año, en Colombia tuvo lugar el referéndum sobre las FARC, los colombianos votaron lo contrario que desde las televisiones recomendaban, de nuevo los medios mostraron su disconformidad con los resultados. Pero no quedó ahí la cosa, sino que a continuación, cinco semanas después, votaron los estadounidenses, y, aplicando las mismas reglas que en elecciones anteriores, resultó ganador Trump, en lugar de Hilary como querían la mayoría de los comunicadores, entonces la progresía mundial puso el grito en el cielo, ahí ya vinieron rugidos, desplantes, críticas anticipadas a la gestión y todo tipo de alarmismos.

 

En España, algunos programas matinales de televisión profetizaban el caos de la economía mundial y casi el fin de la humanidad. Periodistas, comunicadores, presentadores y la mayoría de analistas políticos habían previsto que ganase la Sra. Clinton y los votantes americanos además de desobedecerles, les estaban desafiando. Después hubo elecciones en Holanda, Francia, Alemania, Austria, Hungría, Rusia, Italia, Brasil, todas con un elemento común: en unas han ganado y gobiernan los que no deseaban los medios de comunicación y en otras suben exponencialmente esos partidos que defienden la identidad nacional y el control de fronteras. Pero el colmo de males, ha sobrevenido cuando cuatrocientos mil andaluces han votado a un partido legítimo y legal, pero contraviniendo la opinión de Pablo Iglesias y además pillando con el pié cambiado a informadores de prensa y presentadores de televisión, salvo honrosas excepciones como Intereconomía y algunos periódicos independientes. ¿Cómo se puede puede votar contra los deseos de la izquierda política y mediática? ¿Acaso no sabe el electorado que solo pueden votar izquierda, ultra-izquierda, o extremaizquierda y que lo de “democracia “ y “demócratas” son mera palabrería para usarla de tapadera?

 

Estamos contemplando un espectáculo surrealista: los candidatos hablan tiránicamente y sin ningún pudor de quién les habrá quitado “sus” votos, como niños recontando cromos, sin pararse a pensar que los votos solo pertenecen al votante, y los partidos obtienen los que el electorado considera que se merecen, les guste o no. Aquí ya nadie se casa con los partidos políticos y, en el peor de los casos, se divorcia cuando considera oportuno. Asimismo, fueron deplorables las declaraciones de Susana Díaz reprochando su mal resultado a los que se abstuvieron de votar. Nunca serán tan culpables de la caída del socialismo andaluz como el propio PSOE, además tampoco puede asegurar Dª. Susana que todos esos votos no emitidos fueran potencialmente suyos, quizá muchos andaluces se hayan decepcionado de todos y esa sea su forma de manifestar el hartazgo.

 

Otro error garrafal del PSOE fue basar su campaña en el supuesto “machismo” del partido VOX, y en eso de que “justifica la violencia contra las mujeres”, puesto que cada vez hay más mujeres que sentimos humillación cuando se habla de nosotras como unos seres extremadamente débiles, incapaces de defenderse por si mismas y que precisan la superprotección estatal, o discriminación positiva, para salir adelante en la vida. Las falacias, mentiras, bulos, etc, por tener las patas cortas no sirven para largos recorridos y ha quedado demostrado. Y ahora llegamos a la pataleta-berrinche de Pablo Iglesias, exhortando a los que viven extramuros de su finca para que invadan las calles y que atemoricen a los que tuvieron la osadía de votar lo que él no quería.

 

La izquierda se ha quedado anclada en los paisajes sociales que E. Zola y Máximo Gorki nos narraron en “Germinal”, en la “La Madre”, etc , pero ya casi no quedan minas de carbón en Alsacia, ni proletarios en Rusia, y por tanto la masa de votantes que pide soluciones marxistas a sus problemas viene adelgazando desde hace mucho tiempo. De la misma manera que a las mujeres de hoy no se nos engatusa vendiéndonos una Barbylideresa para que la votemos las mujeres, porque votamos en base a la coincidencia de los candidatos con nuestros principios y confiando que gestionen bien el dinero de nuestros impuestos. No nos importa que sea hombre o mujer.

Ahora es importante apoyar partidos que defiendan la Unidad de España, que no odien a España ni a los españoles, que quieran recuperar competencias para el estado central, que se impliquen en los problemas reales de los ciudadanos, que eliminen el impuesto de sucesiones, que den más dinero para las ayudas a nuestros ancianos, a nuestros desempleados. Por muchos problemas que existan en Kenia, en Madagascar, o en Senegal, antes hay que preocuparse y resolver los de aquí y los lemas del buenísimo ya no sirven. Los fariseos de la política han agotado a los partidos que fueron importantes, en la misma medida que los fariseos de la comunicación han desengañado a sus telespectadores.