No se puede negar que a Hugo Chávez le dio buen resultado pasear rodeado de su camarilla repitiendo el consabido “exprópiese”, le dio resultado de momento,…eran otros momentos. Chávez pronunciaba la palabra mágica, con la intención de hacer creer que ese local de negocio, o propiedad rústica, que eran expropiados, se retiraban de unas manos ambiciosas para hacerlos recaer en otras mas necesitadas.

El discurso chavista es una táctica política sumamente exitosa, triunfa al principio puesto que quienes lo escuchan siempre tienden a pensar que esa finca, piso, o local, expropiados redundarán en su beneficio, cuando lo cierto es que en caso de reparto equitativo solamente les tocará un ladrillo del inmueble, o bien una manzana de la frutería, pero antes de que eso suceda el repartidor habrá decidido que le conviene más entregar el inmueble completo a su hijo, a su nuera, a la cuñada, o alguno de los de la camarilla, para eso le ayudan a conseguir y mantenerse en el cargo.

En Venezuela la cuerda del engaño se ha tensado demasiado, a las vanas promesas de Chávez les siguió el total desvarío de Nicolás Maduro, megalómano y paranoico, gobernando como si él fuese la única voz de su pueblo. Los millares de venezolanos que llevan años quejándose por la escasez de alimentos y la inflación desorbitada también son el pueblo; los que han abandonado el país en busca de otras oportunidades son pueblo; los que se jugaron la vida protestando en las autovías eran pueblo; los que murieron en los enfrentamientos con paramilitares y fuerzas antidisturbios son héroes del pueblo; los encarcelados por pensar de otra forma son referentes morales para el pueblo; los miembros de la Asamblea Nacional que representan a los partidos de la oposición son tan pueblo como lo son sus respectivos votantes, de la misma manera que aquellos a los que expropiaron bienes -legalmente adquiridos- formaban parte del pueblo. Maduro es un sátrapa que gobierna en contra de su pueblo y se enriquece a costa de él.

El mundo está cambiando mucho y a toda velocidad, cuando la baja paternal de Pablo Iglesias se agote nada será igual que al inicio, ni para el madurismo ni para el podemismo. Si Venezuela consigue al fin liberarse del chavismo, acto seguido Podemos pierde a su principal mentor y referente y si Pedro Sánchez hubiese convocado elecciones en octubre pasado, (como prometió y clamorosamente se pedía ) quizá ahora no tendría que sufrir la repercusión del varapalo de su principal apoyo parlamentario.

La imagen del hombre de negro andando por el sendero nevado de Davos trasmitía la misma seguridad que ofrece un funambulista inexperto avanzando por la cuerda floja. Hubiese merecido la pena escuchar la voz de nuestro Presidente recomendando a Juan Guaidó que convocase elecciones en Venezuela,….allí sí y pronto , en España todavía no. Naturalmente, no comentó nada sobre cómo hacer “cordones sanitarios”, eso es mejor hablarlo con Manuel Valls y con Alberto Rivera.

Estamos presenciando una etapa en la que los máximos representantes de los gobiernos se convierten en los mayores responsables del posterior hundimiento de sus respectivos partidos, por culpa de utilizar el poder para la consecución de sus inmediatos intereses y por abandonar a quienes depositaron en ellos su confianza.

Canalizar el voto en su favor mediante encuestas manipuladas ya no produce los resultados calculados, los comunicadores televisivos carecen de ascendencia suficiente, nos han mentido demasiado. Los estudiantes y los trabajadores en activo regresan a sus casas saturados de la información recibida durante el trayecto y prefieren ver en la “tele” su serie favorita; los programas en horario laboral sirven como fondo decorativo para las salas comunes de las residencias geriátricas, no los sigue casi nadie, unos porque ya no oyen y la mayoría prefiere charlar con otros residentes o atender a sus visitantes.

LA TELEVISIÓN HA INICIADO UN PROCESO DE PÉRDIDA DE INFLUENCIA EN CUANTO A MODELADOR DE LA OPINIÓN PUBLICA, sus sofismas en pro del “buenismo” y de la corrección política navegan a la deriva, empeñados en vender lo que ya no queremos comprar, la comunicación audiovisual sufragada con dinero público es un sector que se debe reconvertir, como ya ocurrió con la minería y otros. Las cosas están cambiando para todos : o jugamos todos, o rompemos la baraja.