Es la hora de los enanos y de los cobardes. Vivimos en el tiempo de los tibios y los invertebrados. Bostezamos en el calendario de los “moderados” que creen que la resistencia al totalitarismo de la estulticia y la mentira es antidemocrática y que la Historia, la Verdad y la Patria son realidades tan relativas y mutables como los genitales de un transexual. Vivimos en la bacinilla de Poncio Pilatos, en el capricho voluble y efímero del plebiscito popular y en la tiranía de un parlamentarismo que juega a los naipes con las papeletas de la urnas, y que al final de la timba nos presenta su resto y sus ganancias como la soberana voluntad de un pueblo que se cree libre en la multitud del rebaño.

Estamos solos. Individual y colectivamente solos. Institucionalmente despreciados y socialmente ninguneados, carecemos del refugio y del amparo que cualquier paria encuentra en la Justicia. Somos perseguibles de oficio por ser lo que somos y el máximo consuelo que podemos hallar en los Tribunales es el silencio, pero nada más. Cuando acudimos a ellos sabemos, por ese innato conocimiento socrático que hace que el hombre nazca con la memoria de lo que es justo, que sobre nosotros y nuestras demandas, sobre nuestros pleitos y nuestra querellas se derramará la injusticia con generosidad y largueza, y con el aplauso “popular” estabulado en los rediles políticos y periodísticos.

Estamos solos, pero no somos pocos. Somos bastantes más de los que a ellos les gustaría que fuésemos. Hoy nos persiguen civil, social y profesionalmente. Mañana, cuando hayan profanado “legalmente” la tumba del caudillo militar y del estadista más grande que ha habido en España desde los Reyes Católicos, sus togas y sus comisarios políticos nos perseguirán físicamente.

No tengáis miedo. Alcemos la voz y hagamos del grito ¡Viva Franco! la consigna y el santo y seña de la resistencia, tal y como en los tiempos de la cheka y el crimen institucionalizado lo fue el acrónimo CAFE. Convirtamos nuestras voces en el rugido de la galerna haciendo del grito ¡Viva Franco! lo que Quevedo decía de la corneta militar: “Le das fuerza de ley al aire vano”.