Hace escasos días, publicábamos en “El Correo de Madrid” un alarmante artículo en el que, amén de advertir sobre la proximidad de la reunión-cumbre sobre Migración auspiciada por la Asamblea General de la ONU, a celebrarse en Marrakesh los próximos días 10 y 11 para la firma del llamado GLOBAL COMPACT ON MIGRATION (Pacto Global sobe la Migración), señalábamos su carácter conspirativo y el hecho de que algunos Gobiernos europeos en manos de políticos “globalistas” - como el nuestro - fueran a firmar el documento silenciando sus peligros y sin pasarlo previamente por sus respectivos parlamentos. Posteriormente, este digital se hacía eco del artículo firmado por Max Romano, insistiendo en el mismo tema. Una de las primeras frases de Romano, si no recordamos mal, señalaba que el Pacto en sí no sería vinculante. Nada más lejos de la realidad, como veremos a continuación:

Aún cuando el Pacto en sí sea presentado como no-vinculante desde un punto de vista legal, son frecuentes sus alusiones a “obligaciones” de los países signatarios, en un lenguaje que la ONU utiliza para restringir la soberanía de determinados países. Algunos de los puntos incluidos en el Pacto extienden el concepto de “refugiado” a cualquier emigrante, proceda de donde proceda, legal o ilegal, porque en el fondo el Pacto lo que pretende es “legalizar la migración ilegal”. Así, por ejemplo, considera “refugiado” a cualquier afectado por el cambio climático o por la destrucción o empeoramiento del medio ambiente (Parágrafo 12). Cada cuatro años, empezando en 2019, un Forum Global sobre Refugiados redactará un informe indexado sobre el grado de cumplimiento de cada país firmante (Parágrafos 17-19). Una red académica global, compuesta por universidades, asociaciones académicas e institutos de investigación, será establecida con el fin de crear oportunidades y becas de estudios e investigación para beneficio exclusivo de los refugiados (Parágrafo 43). El Pacto creará y promoverá una “actitud favorable” - en otras palabras, penalizará las opiniones disidentes - a los refugiados que sean transferidos de un país a otro (Parágrafo 90). El documento - consensuado en secreto por unos pocos países y con los que EEUU se negó desde el principio a colaborar - utliza términos ingleses tales como “compulsory measure” (medida obligatoria), “legal instrument” (instrumento legal) o “hard sell” (término que describe una política de marketing agresivo o publicidad invasiva), lo que sugiere la existencia premeditada de una táctica de obligatoriedad. Por si fuera poco - y no quisiéramos extendernos en exceso - el documento ha calculado la “capacidad máxima de absorción” de refugiados para cada país europeo, llegando a la conclusión de que, por ejemplo, Alemania puede absorber 27,4 millones de personas, y Suecia (cuya zona habitada es aproximadamente un tercio de su área total y con una población que no sobrepasa en mucho los 8 millones de habitantes) podría absorber nada menos que 44,0 millones (Tabla 12). De España mejor no hablemos porque a más de uno le daría un celengue.  

Bajo estas perspectivas, una cohorte de políticos, politólogos, psicólogos, escritores y zánganos - todos ellos liberales globalistas - intentarán los próximos días 10 y 11 imponer este yugo de obligaciones a un pequeño colectivo de países “absorbentes”, básicamente europeos, escoltados y vigilados muy de cerca por una nube de países beneficiarios que así van a poder deshacerse de parte de su población a costa de los siempre estúpidos paganinis europeos. Y no serán todos los europeos, porque algunos países que en un principio dejaron a la ONU jugar con este tema ya han manifestado su oposición al proyectado Pacto GCM.  Austria, Australia, Bulgaria, República Checa, Israel, Hungría y Polonia son algunos de los países que no asistirán a la cumbre de Marrakesh. EEUU ni siquiera se molestó en participar en las reuniones previas de negociación del documento, por decisión personal del presidente Trump que intuyó, acertadamente, que la ONU pretendía tomarle por imbécil.  Estonia y Eslovaquia tienen sus dudas y probablemente se inclinarán por no participar. En Finlandia, el Partido Finés ya ha exigido que su país se abstenga de acudir a Marrakesh. Hasta la propia Alemania que, por obra y gracia de Frau Merkel abrió las puertas de Europa a la invasión migratoria, está cambiando de opinión a juzgar por la oposición del partido Alternativa-para-Alemania en el Parlamento alemán. El austriaco Sebastian Kurz y el israelí Benjamin Netanyahu también han puesto el grito en el cielo ante el peligro de que un tal Tratado pueda hacerles abrir unas puertas que desean cerradas a cal y canto. Mientras tanto, un estimado de 27 millones de supuestos “refugiados” están a las puertas de Europa esperando noticias sobre el Pacto. Tan sólo en Marruecos, más de 20.000 están a la espera al otro lado de las vallas y esas cifras se renuevan periódicamente para que la presión no decaiga. Pronto podrían ser 100.000, o 200.000, o lo que le de la real gana a las mafias y a los políticos (¿de ambos lados?) que podrían estar enriqueciéndose con el tráfico de personas. 

Cuando los países europeos rechazan de plano el Pacto es porque han visto en él un peligro próximo y real. Por ello, incluso los que se inclinan a favor han decidido someter el texto a sus respectivos parlamentos, a la búsqueda de un consenso que blinde sus reponsabilidades si la cosa sale mal - porque saben que saldrá muy mal.  Pero no España. “Spain is different”. Pedro Sánchez conoce los pormenores del Pacto - muy probablemente lo negoció con George Soros cuando le recibió en Moncloa una noche oscura y en el mayor secreto. Sánchez sabe que, con Pacto o sin él, España con el tiempo será inundada por una horda de millones de magrebíes y subsaharianos. Sabe que el Reino de Marruecos no hará nada por impedirlo y que en el fondo le tiene absolutamente sin cuidado. Consecuentemente, es materia urgente - sumamente urgente - que Pedro Sánchez antes del día 10 explique en sede parlamentaria (1) cuál es la posición de España ante el GCM; (2) con qué medios cuenta para implementar esas directivas si España firmara el tratado; (3) cuánto tiempo más se permitirá que lleguen las pateras con total impunidad, y (4) qué volumen de inmigrantes ilegales está previsto que España absorba a corto y medio plazo. Después de todo, el problema migratorio puede ayudarle a marear la perdiz y distraer al personal de los demás partidos que se suben por las paredes de indignación ante los patinazos, descalabros, errores y mentiras vertidas por nuestro presidente del Gobierno, tanto en España como en esos escenarios internacionales a los que tanto le gusta ir a pintar gorras.