El éxito de Vox en las elecciones andaluzas ha sorprendido, creo, sólo a quienes han tomado en serio las previsiones de los medios y los “datos estadísticos” que como pienso para gallinas nos dan de comer. La comparación de las previsiones “científicas” del CIS con los resultados muestra que las primeras eran pura basura. No por incompetencia evidentemente: podemos estar seguros de que los líderes políticos tenían acceso a los datos reales.

Más allá de esta coyuntura política concreta, si hay una esperanza para la regeneración de España y de la sociedad, ésta pasa necesariamente por des-aprender a fiarse de los medios y de lo que nos presentan como datos “objetivos”.

El paso siguiente será limpiar nuestra mente de etiquetas. Los calificativos “extrema derecha” o “centro” o “extrema izquierda” no significan nada en sí mismos: son las etiquetas que ponen los medios para colocar a las formaciones políticas, donde los que pagan el sueldo a los periodistas han decidido que se deben colocar. Por tanto habremos de arrojar a nuestro cubo de la basura mental las etiquetas, para valorar en cambio las ideas y los proyectos.

Tampoco parece atinado o válido el tipo de discurso según el cual Vox es el “contrapeso” a la “derecha” de Podemos. Porque ni uno solo de los grandes partidos, antes de Vox, se ha opuesto a la injusta Ley de Violencia de Género y a la persecución judicial del varón; ni uno solo ha demostrado firmeza ante los separatistas, ni se ha opuesto a la inmigración ilegal. Por tanto Vox no es el “contrapeso” de nada sino una formación que ha sacado a la luz estos temas (limitándome a estos tres que son el núcleo y la razón de su éxito) cuando todos los demás han estado alineados, cada uno a su manera, en el apoyo a la decadencia social, la invasión y la disolución de España; desde los rabiosos apólogos de la degeneración y la antiespaña de la “izquierda” a los acomplejados del PP, que bien se merecen el boquete gigantesco que se les ha abierto.

¿Vox mantendrá las expectativas de sus votantes? Esto depende de los seres humanos, de los hombres y mujeres que lleven adelante este proyecto, porque el futuro no está escrito. Pero hay que reconocer el valor de esta ruptura, constatar que se ha desfondado una puerta y se ha abatido una barrera. La persecución judicial del varón ahora es denunciada por un partido que ha entrado en las instituciones, se ha abierto un boquete en la cortina de silencio e intimidación impuesta por la mafia feminista. Exactamente lo mismo vale para la inmigración y el separatismo.

La misma histeria de la antiespaña y sus algaradas callejeras ante el resultado electoral, sus abiertas incitaciones a la violencia, muestran que también esa gentuza lo ha comprendido.

En estas condiciones, lo más difícil es el primer paso de romper la capa de plomo, abrir la primera brecha. Una vez abierta, se hará cada vez más grande por la misma lógica de las cosas.