El grotesco Doctor y su banda de tiorras perturbadas anuncian que por fin van a ultrajar los restos del Caudillo “sí o sí”, como dicen en su estilo macarra.  La derecha quiere interpretarlo como una salida por la tangente para disimular sus problemas y  entretener a los ciudadanos. Nada más lejos de la realidad. El Doctor Makarra y los suyos saben muy bien lo que representa Franco, mientras que la derecha hace como que no se entera, por una mezcla de miseria moral y de necedad política.  Saben que Franco significa históricamente la derrota del Frente Popular totalitario-separatista que estuvo a punto de hundir definitivamente la nación española. Saben que  Franco no solo salvó a la nación sino también a la Iglesia y la cultura católica de un exterminio programado. Saben que a Franco se debe la monarquía. Saben que a Franco se debe la prosperidad y el olvido de los odios que destruyeron la república, odios que son el agua turbia en que el gobierno, su partido y los separatistas  se desenvuelven, en la que nadan y se encubren para perpetrar sus fechorías. Lo más grotesco es su argumento de que una democracia no puede tolerar un monumento a un dictador, como si ellos fueran demócratas o la democracia se debiera en lo más mínimo a ellos…

 

  El ultraje al Caudillo es el ultraje a España, a la Iglesia, a la monarquía y a la democracia.  Franco representa, pues, todo lo que odia el nuevo Frente Popular. Que por fin empieza a enfrentarse con una oposición real, gracias a VOX, que no a C´s o PP, colaboradores en todos esos procesos y que, como la Iglesia, como la monarquía, se hacen los desentendidos.

 

    Pues bien, es evidente que legalmente no podrán ultrajar los restos del Caudillo. Simplemente les será imposible. El problema aquí es que a ellos la ley nunca les ha importado pisotearla. ¿No han impuestos una ley norcoreana contra la verdad histórica y otra antijurídica contra los hombres y por tanto contra las mujeres? ¿No han destrozado el estado de derecho rescatando a la ETA y recompensando sus asesinatos, haciendo de sus crímenes un modo común de hacer política? ¿No se han corrompido ellos  y corrompido las instituciones?

 

   Y en esto último radica el fondo de la cuestión: ¿ha llegado la corrupción institucional hasta el punto de que el expulsado no sea el infecto gobierno delincuente, sino la ley misma? Porque cuando la legalidad cae por tierra solo queda una alternativa: someterse a la tiranía o recurrir a la legítima defensa por todos los medios. Un proceso así intentó el Frente Popular del 36. Debiera servir de experiencia histórica para evitar estupideces peligrosas.  

 

   Gregorio Marañón definió muy bien al Frente Popular y a los republicanos en general: “Estupidez y canallería”. Podríamos decir que las izquierdas  y sus aliados separatista son canallas que cometen crímenes estúpidos. Y el PP y otras derechas, estúpidos que cometen canalladas.