Llevo tiempo pensando que cuando se habla de amor, se tiende a magnificar la capacidad de amar de ella hasta la exageración, dejando en un segundo plano el amor que un hombre es capaz de profesarle a la mujer de su vida, dando por hecho que nosotras somos más capaces de amar que ellos, siendo esta tendencia nada objetiva.

Por eso hoy me acuerdo de ellos, de sus corazones entregados, de sus detalles invisibles pero existentes, de todos aquellos hombres que tienen corazones capaces de derrumbar el universo por la mujer que le robó la vida.
De todos los hombres que tienen el coraje de arriesgar, de todos los que se entregan, aún sabiendo que otras manos acariciaron su piel y otros labios besaron su frente.
De todos los que rompen moldes, porque un día su mirada les cautivó y decidieron hablar con la luna para pedirle su mano.
Hoy pienso en todos vosotros, porque os merecéis que se hable de vuestra capacidad para amar sin ser cuestionada y mucho menos juzgada, de vuestra paciencia infinita que nunca se desgasta con cada uno de nuestros «porqués», por aguantar nuestros castigos con esos largos silencios cada vez que creemos tener el derecho de perdonaros la vida.
Porque cuando un hombre ama a una mujer la cuida, la protege, la enseña, y lo que es más grande, la perdona.
Porque claro que existen hombres capaces de enamorarse de una sola mujer y convertirla en «la única», y es entonces cuando descubre que nunca antes había estado enamorado.
Y porque cuando un hombre ama a una mujer, dirige sus sentidos a un solo lugar, a ese rincón del cielo dónde un día las estrellas fueron testigo de un secreto que él les confió.
Por vosotros, que sabéis llorar por amor sin que eso desmerezca vuestra hombría. Por todas y cada una de vuestras cualidades bien entendidas y muy merecidas, pero sobre todo, porque sois... cómo diría!!! Sois hombres y sin vosotros ¿qué quedaría?.