Estoy seguro que, dado el perfil de mis lectores habituales, el titular de este mini ensayo, el primero ante las elecciones, puede haberles causado estupefacción, pero es rigurosamente exacto sostener que, a fecha de hoy, quién más posibilidades tiene de ser presidente del gobierno tras las elecciones es Pedro Sánchez. Cierto es que las encuestas en España, al menos las que se publican, tienen una función de propaganda y de modificación de la decisión previa de los electores, pero las tendencias de voto que marcan no se pueden ignorar. Lo que todas ellas indican es que el PSOE se refuerza y que Pedro Sánchez puede estar en una posición de fortaleza que le puede permitir reeditar un gobierno en coalición o en minoría.

 

¿Cómo es posible? Se preguntarán algunos lectores, sobre todo después de lo visto en Andalucía. El resultado de las elecciones andaluzas, que por otra parte decidieron a Sánchez a ir a unos comicios adelantados, cabría calificarlo de “espejismo”. Desde el primer momento los coaligados triunfadores optaron por agarrarse a una media verdad para arraigar la idea de que era el final de Sánchez si convocaba elecciones, sosteniendo la idea del “okupa” ilegítimo que sería desahuciado por la fuerza de los votos. Craso error, porque el “espejismo” andaluz se asienta en la decisión consciente de no valorar la altísima abstención y la parte correspondiente de castigo del votante de izquierdas al PSOE y PODEMOS. Algo que no parece se vaya a repetir en las inminentes generales.

 

El hecho cierto es que Sánchez puede continuar en La Moncloa tanto por acción como por omisión. Por una campaña que inició el mismo día en que ocupó el poder y por la ceguera de una oposición encarnada en el PP y en Ciudadanos, de Casado y Ribera, incapaz de contrarrestar a Sánchez más allá de considerarlo “malo, muy malo”. En realidad, en la oposición y la presión a Sánchez han destacado más los medios de comunicación que el PP y Cs.

 

En estos meses Pedro Sánchez ha ido sentando lo que serían las bases de su campaña: primero, difundir la idea de que su PSOE se convertía en el partido más importante y con mayores posibilidades de armar un gobierno con apoyos y para ello ha contado con el inestimable apoyo del CIS; segundo, convencer a nacionalistas, neocomunistas y demás de que apoyarle es la única posibilidad que tienen de obtener unas recompensas políticas que nunca alcanzarían con “las derechas”; tercero, monopolizar elementos clave del discurso ideológico de la izquierda (ideología de la memoria, género, feminismo...); cuarto, utilizar los presupuestos generales, hasta el último momento, para comprar votos; quinto, focalizar el debate político en aquellos temas en los que la oposición, PP y Cs, es incapaz de enfrentársele; sexto, asegurarse la poderosa maquinaria mediática que está en manos de la izquierda por los errores del PP desde los tiempos de Aznar. Lo único que no estaba en el guión era la implosión de PODEMOS que le permitirá incorporar un número importante de votos, aunque, como a todos, está situación le preocupe, dado que en muchas provincias el último escaño puede disputarse entre PODEMOS y VOX. Lo que sí puede ser significativo.

 

El problema de la oposición política y mediática es que le ha considerado un cadáver político en demasiadas ocasiones y, sin embargo, ha sobrevivido; y ahora andaban vendiendo la piel del oso antes de cazarlo. La oposición cree que todo lo tiene hecho y mientras Sánchez, hay que reconocerle el mérito, construye su futuro. Es él el que ha controlado los tiempos y escogido el momento, aunque el guión lo tenía escrito. La oposición, el PP y Cs, le han dejado con vida, le han permitido gobernar a base de decretos que no han sido denunciados, ni recorridos en el Constitucional, y han sido incapaces de contrarrestar su política de decretos para cosechar votos de las últimas semanas. Además ha desarticulado con eficacia los efectos del juicio por el “proces” y ha sepultado con impoluta demagogia su entrega a los separatistas. Es Sánchez quien está marcando el discurso político de la campaña y la oposición, PP y Cs, es incapaz de fajarse.

 

Lo que Sánchez asume es que las elecciones se van a decidir en la campaña y se ha aprestado a ello. PP y Cs parece que no se han dado cuenta. Las campañas electorales de Cs no han sido buenas y por eso sus expectativas de voto no se han confirmado. El PP de Casado anda lanzando un mensaje de campaña que huele a derrota y a boxeador noqueado. Tampoco VOX parece ir mucho mejor: el juicio no le está reportando la propaganda que esperaba, los líos con sus listas pueden provocar desesperanza y su discurso aún no ha encontrado sus ejes.

 

Si no se invierte esta realidad en las semanas de campaña que tenemos por delante pudiera ser que Sánchez continúe en La Moncloa.