Mi desconfianza ante el votante de derecha y su indecente voto “útil”, ha salido esta vez parcialmente errada. Y lo importante de estas elecciones es precisamente esto: mucha gente ha sido capaz, por fin, de dar al PP la patada que se merecía desde hace mucho tiempo, y ese mero hecho augura un posible vuelco de la situación y el final de la democracia de amigotes fraguada en la transición, cuyos errores no se corrigieron y han ido en aumento. Con Aznar hubo, sobre todo por su política con la ETA, esperanzas de una regeneración, que se hundieron con Zapatero. Este logró montar un nuevo frente popular de hecho, con el cual impulsó la disgregación de España e impuso leyes radicalmente antidemocráticas como las de memoria histórica y LGTBI. Ya entonces, con el PP en la oposición, señalé que este partido no era opositor, sino auxiliar de Zapatero y que haría lo mismo que él, empezando por el rescate y  recompensa a la ETA. Con ello, la democracia fracasaba y el régimen del 78 entraban en descomposición. Rajoy, Soraya y su equipo miserable ha hecho daño hasta el final, dejando a España en manos de un zapatero  aún más demente. No deja de ser justicia poética que un partido para el que la economía lo era todo, cayese por su corrupción.

 

   Entre Zapatero y Rajoy  convirtieron al país en una democracia fallida en proceso de disgregación y de disolución. Mucha gente venía percibiendo con creciente alarma este proceso, pero se sentía atada al “voto útil” que, precisamente, impedía salir  del atolladero. Por su parte el PP, en su extrema villanía de maquiavelos cutres, impulsó a Podemos en los embrutecidos y embrutecedores  medios-basura, que son casi todos, mientras trataba de encerrar a VOX en un gueto rodeado de un muro de silencio. Desde hace años apoyé a VOX como una posible alternativa a la miseria de los  actuales partidos-mafias, porque, con todas las críticas que pudieran hacérsele, hablaba otro lenguaje que el de los amigotes intrigantes, cuya base común era el odio o el desentendimiento de España, su apoyo a la disgregación y simultáneamente su intención de disolver a la nación en la UE, un montaje cada vez más despótico, antinacional y antieuropeo.

 

   Hay que felicitar especialmente a Abascal: frente a las críticas fáciles que le han hecho, mantuve que su valor para romper con el PP, afrontar el muro de silencio e insistir tenazmente en su mensaje,  hacían de él un político necesario frente a la caterva de golfos, cantamañanas e hispanófobos que componen nuestra actual clase, casta o chusma política. Todos ellos están temblando porque pueden acabárseles pronto sus mejunjes. Lo que sería una gran noticia para España y la libertad. Por eso harán un gran esfuerzo conjunto para devolver a VOX a la marginalidad, aunque lo tienen muy difícil si VOX mantiene un discurso claro, bien argumentado, agresivo e irrespetuoso contra quienes no merecen el menor respeto por sus fechorías. Cuando un partido está en auge es inevitable que se cuelen en él bastantes sinvergüenzas,  pero saberlo puede evitar los daños peores.

 

   Dejo para mañana el tema de los lunes, es decir, Gibraltar, es decir, la política exterior española, hoy inexistente y que afecta a la política interna. Otro punto en el que debe crearse una asociación, informal en principio, es en la reivindicación de la memoria de Franco como base para una recuperación de la democracia, ya he explicado por qué.