El magazine digital vasco Badirudi se ocupa de El Correo de Madrid con la intención de estigmatizarnos asegurando que somos amigos de VOX y de Santiago Abascal. Sabed que no hay estigma ni oprobio para nosotros en vuestra certera afirmación; pues sí, somos amigos de VOX y de Santiago Abascal. Ni lo ocultamos ni nos avergonzamos. Somos amigos, pero no sus siervos al modo en que la totalidad de los Medios de Comunicación vascos están al servicio del separatismo, del que son beneficiarios y exégetas, plumillas, voceros y, en más de una ocasión, pistoleros periodísticos, tal y como Polanco definía a sus redactores de El País.

 

Sí, somos amigos de VOX y de Santiago Abascal. Pero, verás Badirudi, nuestra prioridad absoluta no es ni un hombre ni una formación política, es España, y nuestro principal enemigo es todo aquello que la fragiliza, porque hasta la aparición de VOX la principal debilidad de la política española frente al separatismo es que no se ha actuado, todos los partidos del Sistema se han limitado a reaccionar… tarde y mal.

 

Damos vueltas y dilatamos las situaciones ante las iniciativas del separatismo a la espera de no sé qué señales mientras ellos actúan. Ni elaboramos planes ni pergeñamos designios. No respondemos con vigor y audacia porque el lenguaje políticamente correcto conforma nuestra realidad y nos impide discernir cualquier certeza más allá de la apariencia constitucional. He ahí la trampa y la clave: todo es relativo, no hay realidades absolutas, todo es perecedero… excepto la Constitución.

 

Los acontecimientos históricos, de los que somos hijos, herederos y testaferros, generan situaciones de las que nacen imperativos nuevos. Así, el destino engendra el destino. Y esa sensación de destino convirtiéndose en certeza a los largo de nuestro larguísimo proceso histórico se llama España. Su éxtasis es demasiado grande, su anhelo demasiado antiguo y su amor demasiado abrumador.

 

España, no sus constituciones, tampoco sus partidos ni sus líderes políticos, sean los que fueren, es algo imborrable en todos los caminos del Tiempo y de la Historia de su propio pueblo, de Europa y del mundo. Por eso la ruptura de su unidad no nos hará mejores, ni más libres ni más fuertes. Nos empequeñecerá a todos. También a los que la desean porque viven en las edades oscuras de la tribu, embrutecidos y envilecidos por una cosmología sin conceptos abstractos que no va más allá del aurrescu y la sardana.

 

Entérate, Badirudi. Sí, somos amigos de VOX y de Santiago Abascal, pero El Correo de Madrid tiene un único objetivo, el mismo que Julio César le ofrece a Casio como programa político: “Canaliza tus energías en la dirección correcta y se útil a Roma. Yo no importo. Tú no importas. Roma importa”.