Define el diccionario de la Real Academia de la Lengua el término cenotafio, del latín cenotaphium, y éste a su vez del griego, como sepulcro vacío, monumento funerario en el cual no está el cadáver del personaje a quien se dedica. Escribía hace unos días Luis María Ansón, creo que nada sospechoso a estas alturas, su columna en El Mundo, sobre este mismo asunto, dejando ver que, pese a los esfuerzos y grandes alardes con que el gobierno de Pedro Sánchez hubo dispuesto la profanación del cadáver de Francisco Franco Bahamonde, lo que ha hecho es mutar una tumba real que albergaba el cadáver del que fue Jefe del Estado español desde 1939 hasta 1975, por el cenotafio del Caudillo.

 

A punto de concluir el D+2 de la fecha fatídica del 24 de octubre de 2019, todavía embarcados por la tristeza al comprobar que la economía no ha mejorado; que los índices bursátiles no han experimentado grandes avances; que el paro juvenil sigue siendo un problema que marca, y mucho, la convivencia y el sosiego de los que aspiran a ejercer una profesión y asegurarse un salario digno con el que comenzar la vida; comprobado que para aquellos que pasan ligeramente de los cuarenta años, perder su trabajo es sinónimo irremediable de miseria en sus vidas; visto que la fantasía independentista catalana no ha retrocedido y pone en cuestión, además de la estabilidad en aquella región o autonomía, la del resto de España; visto que las desigualdades entre las distintas regiones españolas tampoco han alcanzado las bases desde las cuales compartir solidariamente los recursos sobrantes de unas a favor de las menos favorecidas;  de que el ferrocarril no mejora sus instalaciones en Extremadura, y de que en Europa tampoco agradecen el esfuerzo realizado por este ejecutivo. O sea, visto de que todo sigue igual que antes, o peor, ¿podemos hablar de éxito para Sánchez?

 

En los informativos han anunciado la probable apertura del monumental complejo-arquitectónico de Cuelgamuros para el martes, después de haber borrado la huella de una sepultura discreta, en perfecta armonía con quien la habitó durante cuarenta y tres años. ¿De verdad se creen que muchos de los futuros visitantes no se detendrán en la cara opuesta del altar mayor de la Basílica Pontificia a rezar un Padrenuestro por el alma del que ya no está?

 

Me pregunto qué métodos de persuasión utilizaría el gobierno de Pedro Sánchez ante la Santa Sede para obtener el cómplice silencio de la jerarquía eclesiástica ¿Les habrá amenazado con cancelar la concertada y dejar a muchos colegios religiosos sin las subvenciones? ¿Habrán coaccionado con pasar las facturas del Impuesto de Bienes Inmuebles? Dado el Patrimonio de la Iglesia, las ubicaciones de sus construcciones y los muchos metros ocupados por los edificios religiosos ¿a cuánto ascendería la factura?

 

Tengo para mí que la operación le va a salir cara a Sánchez porque, sin rédito político o electoral aparente, pasará a la historia como un profanador que, a falta de los recursos que se le deben suponer a un presidente del gobierno, la suya ha sido una gestión rastrera, criticada incluso por muchos de los que comparten ideología. Porque existe una ética incluso entre los delincuentes, que obliga a mantener la cabeza alta ante un comportamiento. Difícilmente quien actúa con la soberbia de que hace gala, según dicen los que le han tratado en las distancias cortas, carece de la humildad que obliga a los hombres vestirse por los pies.

 

Para más desdicha suya, hemos sabido de la ponzoñosa venganza contra la familia de Francisco Franco, al filtrarse algunas imágenes con la sobreactuación de algunos guardas (no es una falta de autografía, amigo lector, sino un sustantivo peyorativo para los que visten uniforme y carecen de la grandeza de la aptitud de servir a los demás). Hasta en eso ha salido a flote la mezquina prosapia del gobierno, tratando de humillar a la familia, y con ella a los españoles que todavía no estamos dispuestos a olvidar a Franco. Por eso, en mi próxima visita al Valle, yo volveré a rezar un Padrenuestro ante la tumba de José Antonio y otro ante el cenotafio de Francisco Franco. Y que vengan Sánchez y Calvo, y pueden traer a Iglesias, a Errejón y a Monedero si quiere acompañarlos, a llevarse el alma de los héroes.