(Sobre la infame masonería, de nuevo...)

A ver…

Que no les engañe nadie con lo del tabaco y esta verdadera locura de las prohibiciones…

Vamos… que no soy yo quién, ni de lejos, para opinar sobre los perjuicios y bondades de la planta y su consumo, sólo faltaría, pero de una cosa sí que estoy seguro, y es que hasta hace poco no causaba los estragos que ahora al parecer causa.

¿Y eso…?

Pues muy sencillo, creo yo… Eso es porque fumar para mí no va a ser tan dañino como nos lo pintan y lo que verdaderamente causa graves problemas son los venenosos aditivos que se le agregan ahora, puesto que por todos es sabido que la industria lleva muchos años jugando con unos 600 compuestos diferentes con el fin de lograr un doble objetivo: aumentar la adicción a la nicotina y hacer el tabaco más atractivo desde el punto de vista del sabor para los distintos tipos de fumadores, con el fin de sostener y ampliar el mercado sin importarles para nada, claro está, los devastadores efectos que producen a sus consumidores, añadidos ya al hecho mismo de fumar.

Así que no se engañen; ese “espante” histérico antitabaco que últimamente les han metido en la cabeza no es más que otro ensayo de un proyecto de los múltiples de Ingeniería Social que tiene en marcha el N.O.M para aborregarles, siguiendo las eficaces pautas – aunque muy manidas ya – de la Escuela de Sociología de Frankfurt.

Y, ¿Cómo me responden la inmensa mayoría de ustedes...?

Pues; ¿Cómo habrían de hacerlo? Exactamente como ellos esperaban, fieles a sus consignas y en contra de sus propios intereses, estúpidamente, agarrados con firmeza mayoritariamente a su síndrome Dunning – Kruger.

Estas pruebas tienen como fin último el ya indisimulado anhelo masónico de “insertarnos el Chip” y no les quepa duda que lo lograrán en breve con el beneplácito de la mayoría de ustedes.

 

¡Ah…! ; ¿Que en ese caso usted en concreto piensa negarse…?

 

Pues le advierto que de nada le servirá, sus vecinos, amigos, parientes y puede ser que hasta su propio cónyuge si ve un poco la televisión, le denunciará, y si no al tiempo.

Así que nada, no se espanten en demasía los fumadores y no olviden que sus abuelos ya gozaban en su día bastante “sanamente” del tabaco, pues fumadores impenitentes había por ahí nonagenarios a porrillo, ya lo ven, pero fumando tabaco de verdad y no esa basura contaminada…

Vamos… que yo les aconsejaría que no hagan demasiado caso al enemigo, que si por ellos fuera, ni nos dejarían fumar, ni comer cosas ricas, ni tomarnos copas de coñac, ni andar con mujeres pecadoras de vez en cuando ni nada, porque lo que ellos quieren es que seamos dóciles, trabajemos con relativa salud para mantener su putrefacto sistema sin causarles problemas, y ya si acaso que tengamos una vida larga, aunque eso sí, bien descoyuntados, que su criminal industria farmacéutica de algo tiene que vivir

¿No…?

En fin; ¡Qué Cruz…!