No sé cuántos años hace que empezaron las investigaciones policiales de la familia Pujol al completo, esa “familia” que es en sí misma una auténtica organización criminal, por ahora solo presuntamente.

Posiblemente hará más de una década, pero ya sabe que las cosas de palacio van despacio.

 Y más cuando el patriarca es poseedor de muchos secretos, y hasta tuvo la desfachatez de avisar públicamente en la comisión de investigación del parlamento catalán (que no investigó nada, por supuesto), que “si se movían las ramas del árbol, muchos podrían caer al suelo”, o algo así, con su chulería habitual.

Por cierto, me produjo vergüenza ajena ver como todos los “parlamentarios” catalanes le trataban de honorable para arriba, reconociendo en él al dueño del cortijo, pues no otra cosa ha sido Cataluña en los últimos treinta años, por lo menos.

  Aunque yo sostengo la tesis de que la familia Pujol ha sido en realidad la “familia real” en Cataluña, o, por lo menos, los Virreyes de Cataluña, esos delegados regios, dotados de amplios poderes, y que desempeñaban un papel vicarial de primer orden de nuestros Reyes, cuando España más que un simple reino era la cabeza de un Imperio, y en nuestros dominios no se ponía nunca el sol. ¡Qué tiempos aquellos!

Este pretendiente al Trono del principado de Andorra, en calidad de Copríncipe Soberano, por el expeditivo procedimiento de darle la patada en el culo al Obispo de la Seo de Urgel, tenía mucho interés en mandar en ese pequeño Estado, y no me extraña, pues allí tenía su “caja fuerte”, con unos 3.000 millones de euros, según cuentan las malas lenguas.

Más que la fortuna acumulada por el rey demérito (perdón, ha sido un lapsus: quiero decir emérito) ¡en qué estaría yo pensando!, a lo largo de cuarenta años de fructífero –para él y su familia- reinado…

En Cataluña no se hacía nada sin su permiso, autorización o conocimiento. Y si no te llevabas bien con él, o con alguien de su familia, estabas muerto para el mundo de los negocios, empleos públicos, concesiones administrativas, adjudicaciones de obras, etc.

Todo estaba sometido a “peaje”, y no tengo nada claro de que ahora mismo no sigan con idénticas prácticas, ya que los “vicios” son difíciles dejarlos, sobre todo si son tan fructíferos como esos.

El patriarca, la arpía de su mujer, que siempre he pensado que era el auténtico cerebro, por lo menos económico, de la familia, y la práctica totalidad de sus hijos (que creo son siete), han pasado como de puntillas por todo el proceso penal.

Ninguno ha dormido prácticamente en los calabozos de la policía, ni ha pasado por la prisión preventiva, pues aunque son ciudadanos dignos de toda sospecha, son quienes son, y ya sabemos que en España “la justicia no es igual para todos”, pues hay algunos que son más iguales que los demás.

Únicamente uno de los hijos ha estado dos meses en prisión, después de una condena ínfima, obtenida por conformidad, y con una escandalosa rebaja de la petición fiscal… Ahora ha pasado a depender de los Servicios Penitenciarios de la Generalidad Catalana, es decir, de “la casa de papá”, y estará viviendo como el niño pijo que siempre fue.

Supongo que nuestro sistema judicial estará esperando a que muera algún miembro de la familia, obviamente de muerte natural, o pierda el oremus, para echar toda la culpa sobre él, y cerrar este escandaloso episodio de corrupción al por mayor.

Pues el juicio propiamente dicho, no creo que llegue a celebrarse nunca, salvo que se haga el día del Juicio Final, que ya se avecina, por el sistema procesal de “acumulación de autos”.

A grandes males, grandes remedios.

Pero, eso sí, no preocuparse, que esta familia está forrada de dinero, por lo menos para cinco generaciones, y eso suponiendo que derrochen su dinero –bueno en realidad nuestro dinero- sin compasión.

Lo primero es lo primero, y un catalán no suelta un euro ni que le corten la mano. En eso se parecen a los chicos y a los judíos, de los que dicen que son primos hermanos.

En fin, hay veces que siento vergüenza de ser español…, y esta es una de ellas.