La Santa Sede ha resistido el intento de chantaje del Gobierno del "okupa" y se ha inhibido diplomáticamente del problema. Lo malo es que la vicepresidenta Calvo ya se las daba de triunfadora en el Telediario de las 3:00 del martes, cuando 20 minutos después ha intervenido a toda prisa - quizás forzado por el propio Vaticano - el corresponsal de TVE en Roma, con el comunicado en la mano, desmintiéndola y dejándola por mentirosa. Que el Vaticano reaccione con tan urgente desmentido no es habitual, pero tampoco es habitual que una ministra visitante - y para colmo anticlerical - se permita poner a la Iglesia en entredicho y atribuir a la Santa Sede
un acuerdo que nunca existió. El Vaticano no se opone a la exhumación de Franco pero no prohíbe su inhumación en La Almudena, señalando que ambos actos son potestad de la familia Franco. No es preciso subrayar que en Moncloa el aquelarre de ministras mentirosas, plagiarias, defraudadoras de Hacienda, y sus colegas de la acera de enfrente están que se suben por las paredes.
 
Muchos ya se preguntan si no sería mejor, más barato políticamente y menos letal a largo plazo, dejar que Franco siga en el Valle, a 50km de Madrid, que permitir que su familia lo inhume con honores militares en la cripta en la catedral de La Almudena, convirtiéndola así en lugar de peregrinación de millares de visitantes y turistas españoles y extranjeros. Porque, diga lo que diga la señora Calvo -que dice muchas incoherencias y alguna que otra estupidez - la manida Ley de Memoria Histórica no puede impedir (sin generar un conflicto jurídico de muy señor mío) que los descendientes de Franco ejerzan su derecho de propiedad, ni negarles las facultades que les reconoce la legislación vigente en materia de exhumación-inhumación de un miembro de su propia familia. Y mucho menos cuando ha quedado claro que la Iglesia no lo impedirá. "ROMA LOCUTA EST, CAUSA FINITA".