Psicópata y fementido Sánchez, prosaico lacayo de Macrón. Apenas veinticuatro horas después de que se chaparan los colegios electorales, posiblemente algo menos fraudulentos que el 28 de abril, Pedro Sánchez acudió este lunes al Elíseo para jamar con el presidente francés. Tres días después se reunía el Club Bilderberg. Las élites psicópatas vampirizando nuestras vidas y patrias.

 

Desde el alborear borbónico, España, un vulgar peón de nuestros vecinos. De Felipe V a Felipe VI, siempre sometidos a los gabachos. Y nosotros, mientras tanto, a lo nuestro. Tan español.

 

Versallescas

 

Amelot, alfil, hábil y diestramente colocado por Luis XIV en la Corte para controlar razonable y concienzudamente a su nieto. Luis XIV, en definitiva, el verídico y genuino gobernante de España después de la Guerra de Sucesión. Y durante, desde luego. Tras la muerte de El Hechizado, el Rey Sol mostró un insólito interés por sacar tajada de la fragilísima monarquía hispánica. Su nieto era la pieza ideal. Una nueva dinastía, tras el calamitoso, en tantos aspectos, Carlos Segundo. Francia debía someter a  España. Los Habsburgo, un mal recuerdo. Un cíclope como soberano francés y una tierna criaturita, feble y manipulable, su nieto, inaugurando el borbonato. Hasta hoy.

 

Con Amelot, embajador y premier ministre de Felipe V, se ejecuta un profuso intercambio epistolar. Michel Jean Amelot, marqués de Gournay, el gran hombre de Luis XIV en la Corte. Instituciones, fábricas, letras, ciencias y artes de Francia introduciéndose en España, intentando remozarla en cuerpo y espíritu. Difícil. Inalterable España. Su santa siesta. Sus alas quietas. Sus vendas negras. Su carne abierta. Virtuosa Cecilia. Eso sí, control total sobre su nieto. Medidas tajantes, categóricas, clarividentes, desde el alborear. Primero Versalles, después Madrid.

 

En la tercera carta que analizamos se plantea un asunto nuclear: mermar el poder de los grandes, acaudalando fingidamente todas sus prerrogativas exteriores y, simultáneamente, excluirlos de todos los asuntos relevantes. A través de cambalaches o purgas, lo mismo da. Con elegancia versallesca, nunca mejor dicho. Duque de Moltalto. Conde de Monterrey. Marqués de Mansera. Duque de Montellano. Siempre buscando gente afín y de fidelidades perrunas. Sobre este último prócer afirma Luis XIV, por ejemplo, que "no es aún lo suficientemente grande para dejarle solo en este puesto, incluso si su fidelidad, de la cual creo que hay muchas dudas, no estuviese sometida a sospecha". Tantas intrigas y tramas y navajerías regias...

 

Corte marioneta

 

Corte títere de los gabachos, sometimiento de la religión (so capa de impecable culto formal) y laminación de todo lo que conlleve pluralidad nacional dentro de la unidad. El Estado jacobino francés, patrón, guía y referencia. Amelot, parte del trío de la bencina, junto a princesa de los Ursinos y Jean Orry. Amelot, morrocotudo agente emboscado, inspeccionando a sus majestades desde la camarería mayor (princesa de los Ursinos), por un lado y la hacienda (Jean Orry) y la embajada (Amelot), por otro. Siempre el sometimiento y la mansedumbre por delante, ya que "se debe buscar menos la capacidad de la persona que empleará el Rey de España, que su perfecta docilidad, su entero sometimiento al rey Católico, su fidelidad y una capacidad para el secreto a prueba de cualquier consideración, de suerte que se ocupe únicamente de ejecutar lo que el rey, su señor, le prescriba sin ninguna consideración por los Consejos y los antiguos abusos del gobierno de España". Ambos, en la correspondencia, creen tener bien amarrado, en ese derrotero, a Felipe V, aunque éste aparente por momentos cierta independencia de criterio. En esta tercera carta, Luis XIV mantiene una buena opinión sobre su nieto. Tan solo desea que "el tiempo, los negocios y la experiencia corregirán su timidez y que, habiendo superado ese defecto, su espíritu aparecerá".

 

Lustros amargos

 

Amelot, años cruciales entre 1705 y 1710. Ese lustro acre para el ulterior futuro español. Tutelando lo que siempre desease el monarca francés. Difusas alianzas entre las coronas española y francesa para enfrentarse a Gran  Bretaña en el contexto europeo y colonial. Tres siglos después, matiz arriba matiz abajo, al tarareo de Julio Iglesias, la vida sigue igual. Aquí y acullá. Con Brexit incluido.