O me preocupa o me… lo que sea. El caso es que pasado mañana martes, si Dios no lo remedia, tendremos en España un nuevo gobierno. Por primera vez, desde los años treinta del siglo pasado, tendremos un gobierno de coalición socialistas - comunistas, apoyados por lo mejor de cada casa: independentismo radical y terrorismo etarra. 

Me preocupa nuestro futuro como Iglesia católica, porque hay cosas que chirrían y mucho. Vamos a pasar de estado aconfesional a estado laico, es decir, que lo religioso quedará proscrito de la vida social. La clase de religión desaparecerá en la práctica, porque una asignatura con una horita semanal, sin alternativa y nota ya ven lo que puede dar de sí. Nos acercamos, además, a una nueva desamortización consistente en la reversión de lo escriturado e inmatriculado en los últimos años. La vida humana más en peligro que nunca, con blindaje para el aborto y una ley de eutanasia que se espera amplísima. 

 

 

Tenemos el reto de la ideología de género con cosas tan curiosas como penalización en toda España de las posibles terapias para la reconversión de orientación sexual incluso solicitadas por la persona. Tragaremos con esa especie de ministerio u organismo “de la verdad” que nos va a definir desde el gobierno lo que debemos pensar. 

Se ciscan en la libertad de enseñanza negando cualquier tipo de ayuda a los colegios que practiquen la separación por sexos, con lo que esto supone de negación de la libertad de los padres, ya dijo la ministra que eso de la libertadad de los padres de elegir el tipo de enseñanza para sus hijios no está contemplado en la constitución. Más aún, la educación sexual será obligatoria. Lo que no nos dicen es quién la impartirá, que no es cosa baladí. 

No van a cambiar la constitución ni denunciar los acuerdos Iglesia-estado. No hace falta, buena gana de complicarnos las cosas. Se hará lo que parezca oportuno y ya encontrarán tribunales, elegidos por ellos mismos, que les den la razón. Es el fin de la división de poderes y ya lo estamos viendo: yo legislo, yo ejecuto y yo digo a los jueces lo qe han de hacer y decir. 

He leído estos días que hay colectivos cristianos felices de que por fin tengamos un gobierno de progreso, ya que ellos valoran especialmente el hecho de que parece que tendremos un gobierno especialmente sensible con la causa de los pobres.

Que Dios les conserve la vista. Los países “progresistas", esos que en teoría están con los pobres, cumplen sus objetivos convirtiéndose en una magnífica fábrica de empobrecidos. La antigua URSS, Cuba, Venezuela, Bolivia, Corea del Norte han logrado la heroicidad de convertir a todos sus ciudadanos en pobres excepto a sus dirigentes, los más riquísimos del mundo. Tanto, que sus ciudadanos están dispuestos a lo que sea con tal de largarse de allí y caer en brazos del capitalista explotador. No nos confundamos. Esto es siempre lo mismo: utilizar a los pobres para subirse al poder y vivir como ricos.

En el debate de investidura en España en estos días se ha oído demasiadas veces la referencia al franquismo y todas sus maldades, incluídas sus corrupciones. Pablo Iglesias ha prosperado en apenas cuatro o cinco años mucho más que franquistas como Fraga, Calvo Sotelo o Suárez en toda su vida. Mucho más que el mismo Franco, que en cinco años no consiguió ni mucho menos ese capital y eso que tenía sueldo de general del ejército. 

¿Y ahora, qué?

Me declaro al margen de la ley en caso de que todo esto que se anuncia sea verdad. Seguiré predicando la doctrina de la Iglesia, celebrando mis misas, procesiones y demás ritos, y diciendo a las familias que no se dejen engañar. No se me asusten. 

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