No lamento decirlo, probablemente yo hubiera hecho lo mismo. He visto las duras imágenes de la salida del juzgado de los acusados del caso de la “manada de Manresa”. Y repito, yo hubiera hecho lo mismo, y me importa un comino la calificación penal de los hechos cometidos por una panda de degenerados sin valores ni moral, producto de esta sociedad y de la ingeniería social implementada por el poder. Con ese grito que ocupa el titular, el tío de la VÍCTIMA se abalanza sobre los individuos siendo placado por media docena de mozos de escuadra.

 

Naturalmente las feministas de turno ni están ni se las espera a la puerta del juzgado. Como no están en otros casos y desaparecen cuando los agresores son de esa nueva tribu importada por el gobierno y mantenida a cuerpo de rey por todos los españoles “los menas”. ¡Qué contento tiene que estar el rey de Marruecos librándose de algunos de estos individuos! Y lo peor es que comienza a parecer que, entre la legión de turistas borrachos que arriban a nuestro país, para el desenfreno utilizado como reclamo para descargar en Gandía o Magaluf, también llegan los que vienen con vocación de manada.

 

Desde el caso de Pamplona, en la degeneración de los sanfermines, nos hemos enterado que las manadas no son algo extraño. En 2018 se denunciaron 59 “agresiones múltiples” y este año ya vamos por la veintena y ya veremos hasta dónde llega el número.

 

Las feministas progre podemita utilizan estos hechos de forma selectiva para los fines de su discurso político. Jamás, sin embargo, entran a debatir sobre la raíz del mal, que no es ningún tipo de machismo ni es producto del mantra del heteropatriarcado. Estos delitos son producto de la degeneración moral, del relativismo implantado y de la destrucción de la moral objetiva en la que la izquierda ha jugado un papel fundamental. Solo hay que leer los hechos para darse cuenta. Degeneración cuando es agresión pero también cuando no lo es.

 

El caso aludido es especialmente clarificador. Una fiesta de esas que tanto abundan, en este caso en Manresa. Una niña de 14 años llevada por una panda a un lugar hediondo para ser violada a 15 minutos por turno mientras otro, que no quiso penetrarla, se masturbaba según declaración propia.

 

Lo que diga el juez y los abogados me trae absolutamente sin cuidado. Yo me pongo al lado del tío de la niña que, al salir de la vista, tras oír, se encara a la panda de degenerados y se va por ellos al grito de ¡Hijo de puta te voy a matar!

 

Ahora solo falta que el abogado de turno lo denuncie por amenazas.