La mayor parte de ustedes ha escuchado esta expresión en más de una ocasión, pero por si alguno quiere saber el sentido real de la misma, diré que no tengo claro su origen. Parece ser que hace referencia a una situación creada por un hipotético gobernante despótico en una ciudad medieval que quiso imponer un impuesto (la entrega de un huevo), saltándose el fuero en vigor. Su arbitrario proceder motivó una rebelión. Dicen que el bribón preguntó preguntó a alguno de los notables de la población el por qué de tanto alboroto, a lo cual le contestó: ”No es por el huevo, es por el fuero”. Con el tiempo varió la expresión y se dijo: “Por el fuero, me importa un huevo”. Y como todo tiende a simplificarse, quedó como la conocen.

Y lo repito: “Me importa un huevo”. El Gobierno en funciones ha decidido, y conseguido, exhumar los restos mortales del que fuera Jefe del Estado, Francisco Franco Bahamonde, por descansar éstos en un espacio público. Ha contado para ello con la colaboración de la Sección Cuarta de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo, y de la Sentencia 1.279/2019. Tengo que reconocer que no la he leído en profundidad, pero sí me ha llamado la atención un párrafo, a mi juicio muy importante, que viene a decir que: el Consejo de Ministros, apoyándose en un informe emitido por la Delegación del Gobierno en la Comunidad de Madrid, rechaza la inhumación propuesta por los familiares en la sepultura, propiedad de la familia, de la Catedral de La Almudena, por razones de seguridad y, porque propiciaría la conversión de “una tumba particular en un símbolo de la sublevación militar, la Guerra Civil y la represión de la Dictadura, consecuencia que no se compadece con los principios y objetivos de la Ley 52/2007”. El Consejo de Ministros pretende “evitar que un lugar de culto se convierta por sí mismo y con el paso del tiempo en un lugar de exaltación, en el convencimiento de que los lugares de culto no pueden ser símbolos de enfrentamiento, ofensa o agravio”. Y es que ese acuerdo considera que “inhumar los restos de Francisco Franco Bahamonde en un lugar preferente de la Cripta de la Catedral de la Almudena, (…) podría alterar el valor de culto y de patrimonio cultural del que actualmente goza”.

Entiendo la preocupación plasmada en el informe, hecho por ellos mismos, porque la catedral de la Almudena se pueda convertir en símbolo de algo, pero mienten como bellacos y esconden sus verdaderas intenciones cuando dicen sentirse interesados en que no se vea alterado el valor de culto y de patrimonio cultural del que actualmente goza. ¿Que a este gobierno le preocupa el culto religioso? Me reiría si el asunto no fuera tan grave. ¡A otro perro con ese hueso!

Me inquieta que se abroguen tal privilegio sobre un espacio fuera de su ámbito de decisión, y que quien presuntamente es el responsable guarde silencio. ¿Puede el Estado tomar disposiciones en un lugar de culto? Puedo estar equivocado, pero creo que no. Por eso me importa su negativa inhumar los restos de Francisco Franco, porque considero que es un acto que excede las competencias administrativas de quien lo ha tomado. El Estado, encarnado en el Consejo de Ministros, no puede disponer sobre aquello que es incumbencia de otros.

Y añado que el artículo 2.1 de la Ley 49/1978, de 3 de noviembre, de enterramiento en Cementerios Municipales dispone: "Los ritos funerarios se practicarán sobre cada sepultura de conformidad con lo dispuesto por el difunto o con lo que la familia determine". Creo que es obvio que es evidente que no es el Consejo de Ministros quien puede disponer de los restos.

Conozco a más de uno que dirá que a mí qué me importa. Pues sí, me importa. Porque este es un caso en que se han vulnerado varios derechos más importantes de cuanto pudiera parecer. Primero, el derecho de la Iglesia en los lugares de culto. Segundo, el de una familia a enterrar a su difunto donde crea oportuno. Y sobre todo, el que se hayan tratado igual que los demás restos mortales los de Francisco Franco.

Eso es dinamitar el principio de igualdad jurídica, que reconoce que todas las personas deben ser tratadas de la misma manera por la ley, y estar sujetas a las mismas leyes de justicia. Nuestro estado de derecho descansa, entre otros principios, en el de seguridad jurídica, en que la ley debe garantizar que nadie sea privilegiado o discriminado por el estado sin distinción de razasexoorientación sexualcolororigen étnicoreligión u otras características, ya sean personales o colectivas. Todos tenemos derecho a ser tratados sin parcialidad.

Por eso, por el fuero, me importa el huevo.