“Si usted hubiera visto a Franco de lejos su “perfomance” hubiera sido la de la colitis irrefrenable”

Ni estimado, ni nada que se le parezca, individuo:

Probablemente, a estas horas del mediodía, yo no habría llegado a mi casa para comer; estaría prestando declaración y detenido en cualquier cuartel de la Guardia Civil mientras usted, al que algunos parlanchines televisivos, periodistas y demás, tratan con toda consideración como protagonista de un acto de protesta por la paz o similar, andaría en libertad mirándose a un espejo o exhibiéndose en redes sociales como un “héroe” a la espera de la llamada del programa de televisión de turno o de la invitación para pasear sus vergüenzas por el plató de la basura.

Yo, probablemente, estaría en el cuartelillo, señalado como individuo peligroso, si hubiera tenido la fortuna de encontrarme cerca de la piltrafa que usted debe de ser cuando ha manchado con pintura roja descolorida, tan descolorida como usted, la tumba del Generalísimo Francisco Franco en el Valle de los Caídos; porque usted no pinta, solo mancha. Si yo hubiera estado allí usted no hubiera pasado del primer brochazo, se lo aseguro, y se le hubiera indigestado la pintura y la hazaña.

Usted no es más que un cobarde y un miserable; es lo más leve y legible que se me ocurre, además de producirme su persona asco y nauseas. Cobarde, porque solo hay que verle: llegar hasta la tumba del Caudillo, ponerse en actitud genuflexa –hasta para atacar la tumba ha tenido que ponerse de rodillas e hincar la cerviz ante los restos de Franco que reposan bajo la lápida, porque usted no es un hombre, es un botarate–. Y además es un miserable, porque lo ha hecho a sabiendas de que son las festividades de Todos los Santos cuando los católicos recordamos a nuestros difuntos. Lo ha hecho para perturbar la paz de los muertos. Y lo ha hecho en el interior de un templo católico y poco antes de comenzar la misa. Repito no es más que un miserable.

Usted se llama Enrique Tenreiro y dicen que es artista. Usted solo es un cobarde y un miserable incapaz de respetar a los fallecidos en busca de la notoriedad que no ha ganado con su trabajo –en realidad su arte es solo eso, buscar notoriedad para que le aplaudan los imbéciles– y para ver si vende algo en la galería Artby´s en La Coruña. Espero que el director de la misma, al que le hago llegar mi repulsa, le ponga a usted y a sus obras de patitas en la calle y quede condenado a exhibirla en un mercadillo donde probablemente las mamarrachadas no tendrán éxito alguno, si es que los trabajadores del mercadillo quieren compartir espacio con alguien como usted. Curiosamente para esta fama buscada conscientemente, como medio de propaganda, autobombo y subir el caché, un fotoperiodista llamado Pedro Armestre andaba por el Valle de los Caídos a la hora de su fechoría. ¡Qué casualidad!

Y sinceramente, es tan cobarde, que para ver si consigue evitar la pena ha pedido perdón por la ofensa, supongo que legalmente aconsejado, en una nota de prensa previamente preparada.

Lástima, insisto no haber estado allí. Lástima que usted no haya tenido el valor de anunciar públicamente su bajeza moral disfrazada de “perfomance”, para que el público hubiera podido acudir a verle y lo mismo en vez de aplausos se encuentra con la respuesta de los hombres que solo se arrodillan ante Dios. Ni tan siquiera se hubiera atrevido. Como no se hubiera atrevido a sacar la pintura si tan siquiera de lejos hubiera visto a Francisco Franco. Entonces su “perfomance” hubiera sido la de quien sufre una repentina e irrefrenable colitis aguda.

Espero poco, pero al menos, y a ello prestaré si es necesario mi granito de arena, que usted acabe sentado en un banquillo y tratado como un vulgar delincuente. Corrijo, ni delincuente, porque seguramente estos hasta tienen, en muchos casos, la dignidad de la que usted carece.