Existen numerosas situaciones que resultan relevantes y que constituyen el objeto de interesantes estudios sobre el Derecho de Familia. Algunos casos interesantes se producen por el engaño provocado por una mujer, que hace creer que sus hijos lo son también de su pareja, a la que ha sido infiel con otro hombre, que es el verdadero padre de los menores.

 

Hay que destacar que un hombre que descubre que ha sido engañado por su pareja o esposa sobre la paternidad de los hijos y que no es, como él mismo creía, el padre de uno o más menores, no podría presentar una reclamación por el incumplimiento del deber de fidelidad que recoge el artículo 68 del Código Civil, pero, teóricamente si que podría ejercitar dos acciones. Por un lado, podría utilizar una acción de reclamación de alimentos indebidamente abonados con enriquecimiento injusto contra el verdadero padre o contra la madre si no se conociera la verdadera paternidad, conforme al artículo 1895 del Código Civil o por el artículo 1894 de la misma norma, que establece que “Cuando, sin conocimiento del obligado a prestar alimentos, los diese un extraño, éste tendrá derecho a reclamarlos de aquél, a no constar que los dio por oficio de piedad y sin ánimo de reclamarlos”. Por otro lado, podría ejercitar la acción de reclamación de indemnización por daños y perjuicios por los daños morales producidos por responsabilidad civil extracontractual, conforme al artículo 1902 del Código Civil, contra la madre del hijo cuya paternidad fue objeto del engaño, ya que la conducta de la mujer habría generado un daño antijurídico, individualizado y evaluable patrimonialmente al ocultar la verdad sobre la filiación paterna a aquel que se consideraba progenitor y que, realmente, no lo es.

El problema es que las afirmaciones anteriores se quedan en un plano puramente teórico, pues el Tribunal Supremo ha desmontado las posibilidades descritas. En relación con la acción de enriquecimiento injusto del verdadero progenitor, la Sentencia del Tribunal Supremo 202/2015, de 24 de abril, ha descartado la acción de enriquecimiento injusto por la prestación de alimentos que correspondía pagar al padre, ya que “los pagos se hicieron como consecuencia de una obligación legalmente impuesta entre quien pagaba y quien se beneficiaba de dicha prestación, y es efectiva hasta que se destruye esta realidad biológica mediante sentencia dictada en proceso de impugnación de la filiación matrimonial, lo que hace inviable la acción formulada de cobro de lo indebido”, aunque si que resulta adecuada la acción de responsabilidad civil extracontractual del artículo 1902 del Código Civil, pero el plazo para su ejercicio es de un año. En relación con la acción de responsabilidad civil extracontractual por daños morales causados por el engaño sobre la paternidad, la Sentencia del Tribunal Supremo 629/2018, de 13 de noviembre, indica que no existe un daño moral indemnizable por la ocultación de la verdadera paternidad de un hijo, aunque, la misma resolución no parece adecuada en la medida en que la situación de engaño ha favorecido a la madre, que ha logrado ahorrar la prestación de alimentos que, en el caso en el que no se hubiera producido un engaño, habría tenido que sufragar ella sola, perjudicando al marido que, además de pagar alimentos que no le correspondían, sufrió un daño moral al descubrir la verdad y saber que la persona que él mismo creía su hijo no lo es.

 

No parece que tenga mucho sentido que el Tribunal Supremo haya asumido la costumbre de utilizar argumentos jurídicos elaborados con pilares de barro para defender a la mujer que ha engañado a su pareja o a su marido sobre la paternidad de sus hijos. Podría pensarse que, simplemente, se intenta evitar que el adulterio no tenga consecuencias para la mujer, aunque ese objetivo resulta inadecuado desde una perspectiva estrictamente jurídica, ya que no hay que castigar a la mujer por el adulterio, como se hacía hasta el año 1978, pero tampoco hay que permitir que el hombre sufra perjuicios económicos por el engaño de una mujer que era su pareja.