¿Por qué permitimos que nuestras tradicionales nos las pisen? Si toda la vida hemos participado de las mismas, y el arraigo ha sido tal que la discusión sobre su existencia ni se planteaba, ¿por qué ahora nos cuestionamos la existencia de ciertas costumbres que nos hacen ser particularescon respecto a otras zonas de la geografía nacional y/o internacional?

 Y es que ahora está de moda criticar todo lo cristiano, católico o lo que se vincula con tal creencia propia de las personas que vivimos en este país. Resulta que, hace un tiempo, aproximadamente un mes, justo cuando estábamos entrando en cuaresma, saltó a escena una noticia en Sevilla concerniente a las procesionales infantiles y el porqué de quitarlas de las escuelas.

Cada uno puede pensar lo que quiera, y ha de ser respetado. Pero de ahí a invadir el territorio creyente y decir que hay que quitar las procesiones infantiles porque condicionan a los niños… Y encima, para colmo, decirlo en Sevilla, donde la Semana Santa es la misma vida de los sevillanos. Eso se llama provocar, y solo puede ser eso.

Porque si lo pensamos seriamente: ¿Qué sentido tiene aguantar a gente que intenta erradicar nuestras tradiciones? Lo que buscan es irritarnos y que cedamos como sociedad, para hacernos cada vez más, a su molde antieclesiástico.

Pues la respuesta que debemos de darle a esas personas que intentan cambiar nuestro seres sencillo: lo primero de todo es que no participen de los actos y cultos religiosos, y que, si les molesta, que se jodan y que busquen marcharse a otro lugar, porque están en un sitio equivocado para intentar cambiarnos. Debemos de defender lo nuestro hasta las últimas consecuencias; en caso contrario, perderemos nuestra esencia como personas con razón y sentido común.

Lo peor de todo es que los que tenemos que defender esto no damos un paso adelante, y por eso, ven en nosotros cierta vulnerabilidad, por lo que van a intentar hurgar en la herida y hacernos cada vez más daño; y si nuestra estructura social es débil (como la actual), van a ver cómo consiguen sus miserables objetivos.