Sodoma y Gomorra, míticas ciudades bíblicas, dónde sus habitantes se entregaban a toda clase de vicios carnales y "enculturaban" (enculaban, perdónenme la expresión, pero es precisa)  a propios, desde la infancia, y a extraños, según asomasen tímidamente la cabeza por allí, eran lugares en los que orgía, bisexualidad, violaciones en manada y pedofilia se daban la mano en una bonobocracia nada armoniosa o pacífica. En las casas del espíritu se podía indistintamente entrar por la puerta delantera, por la trasera i por la ventana, expulsando al espíritu de ella.

De aquellas ciudades y su fatídico destino, por castigo divino del Demiurgo, nos habla el Génesis. Resumo un poco lo narrado:
 
Dos ángeles llegaron a Sodoma y fueron recibidos por un buen hombre: Lot, que como privilegiado conocedor del lugar y de las costumbres de los "cariñosos" lugareños les ofreció cobijo en su humilde morada, a pesar de que los ángeles querían, en principio, pasar la noche en la calle. 
 
Cenaron juntos y se dispusieron a dormir, pero no era la hora de ello pues todos los hombres de Sodoma, del más anciano al más pequeño, llamaron a la puerta exigiendo su "derecho de pernada" sobre la "carne" metida de contrabando en la ciudad. Vociferantes preguntaron a Lot por "los hombres" llegados aquella noche. "Hazlos salir para que podamos tener relaciones sexuales con ellos". 
 
Lote trató de "dialogar" con ellos, llegando a ofrecerles a sus dos hijas vírgenes para que las violaran (tamaña barbaridad solo puede contemplarse en ese contexto aberrante). Pero los campechanos sodomitas lo querían todo y se aprestaron a tomarlo por la fuerza, lanzándose furiosamente hacia la puerta de la casa. Gracias a Dios quedaron todos  cegados por los ángeles. Después de aquello ya no hubo piedad para quien permaneciese en aquellos lugares al siguiente día.
 
Todo este episodio del Génesis nos hace pensar, a poco que reflexionemos, en el parecido entre aquellas bonobocracias totalitarias y el sueño aún por realizar de los defensores, defensoras y defensoris de la llamada Teoría de Género
 
En dicha "teoría" (en minúsculas) que tiene extravagantes "teóricas" como la americana Judith Butler o la española (vergüenza patria) Beatriz Preciado, el género se elige. Uno no es hombre o mujer por lo que viene impreso en sus cromosomas o por su fenotipo sexual, sino que lo es por enculturación: somos hombres o mujeres porque la sociedad heteropatriarcal con su heteronormatividad así lo decide. La realidad objetiva de la biología no importa, el correcto desarrollo de una personalidad integral tampoco, lo que cuenta es cómo uno se autoperciba en el momento.
 
Este conjunto de despropósitos encontrarían acomodo en una habitación acolchada de un psiquiátrico, dentro de la cabeza de una persona sujeta con una camisa de fuerza. Pero no es el caso. Tienen el apoyo del Estado. Irene Montero, más conocida como "la portavoza" de Podemos y mujer de Pablo Iglesias, tiene ahora el poder en el Ministerio de Igualdad, y como una de sus primeras medidas ha nombrado a Beatriz Gimeno Directora del Instituto de la Mujer y a Boti García Rodrigo Responsable del área de Diversidad Sexual y LGTBI
 
Bienaventurados aquellos a quienes no les suenen estos nombres. Fueron famosas por casarse gracias a la nueva ley de matrimonio homosexual de ZP y, principalmente, en círculos "Cacadémicos", por ser ideologas y activistas de la Teoría de Género, dónde se funden definitivamente Feminismo y Homosexualismo.
 
Casadas ellas en la espuria boda de la Teoría de Género, que casa a su vez, como decimos, Feminismo y Homosexualismo, llegan ahora al poder para educarnos a todos (y a todas...etc), por las buenas o por las malas. Y las malas llevan las de ganar.
 
Si del Génesis hemos sacado un episodio que apuntaba al actual Apocalipsis, que casa ambos libros, en un casamiento más lógico y legítimo, podemos razonablemente pensar que el Anticristo no tiene Género.