Hoy, día 20 de noviembre, se conmemora la defunción del Generalísimo Francisco Franco en una cama de La Paz, uno de los muchos grandes hospitales que él mando que se hicieran en casi toda España, y el asesinato de José Antonio Primo de Rivera, en Alicante, por los comunistas antecesores de estos pijocomunistas que, aunque se pinten de morado, siguen siendo rojos que, con el memo -me temo-, si la gente seria y coherente del PSOE, si es que hay de eso (¡un milagro, por favor!) en el Sésamo de Ferráz, no lo impide.
 
Hoy, como casi todos los días viniendo a trabajar, en la emisora que estaba oyendo, la COPE, he escuchado decir a don Luis del Val, que Franco, había hecho cosas malas: firmar Penas de Muerte. 
 
Lo que ha callado el señor del Val, es posible que para no alterar su ritmo cardiaco con el tremendo recuerdo, ha sido lo que motivaron esas firmas: ¿por hacer una gracieta? ¿Por simple aburrimiento? Quizás es que aún le duela a don Luis se la debió haber firmado, y de hecho se aplicaría a la viejecita que temerariamente, poniendo en peligro la integridad física de los vehículos -chapa y pintura-
 
que discurrían por la calzada, cruzó de acera en el Paseo de la Castellana con el semáforo en rojo. O tal vez firmó tan grave pena para un trabajador que tuviera el descaro de haberse comprado un piso (segunda vivienda ¡qué otra cosa podría haber hecho Franco!) en algún punto de la costa levantina; atrevimiento que quiso cortar de raíz. Lo que pese
 
a su macabra costumbre no pudo lograr; como todavía, con más de cuatro gloriosas décadas transcurridas, se puede comprobar visitando las playas de aquella zona, también por otras playas y urbanizaciones de nuestra geografía. Y es que hubo muchísimos descarados que, jugándose la firma de la pena de muerte, se hicieron propietarios de pisos y chalets -ni de lejos como el del comunista en Galapagar- a pesar de ser tan  peligroso.
 
El caso es que salió lo del Caudillo en el espacio de la COPE, comparando lo que justifica la sentencia en Andalucía por los ERES, con lo que dejó de herencia Franco a su esposa, 28 millones de pesetas (el chalet del pijo rojo, costará más de 166 millones de aquellas pesetas, y lo tiene sin ningún merecimiento) después de cuarenta años con todo para él: las llaves de la caja registradora; la llave de los bajos del Banco de España, donde (¡estaba!) se guarda toneladas de oro y plata y que hoy, estos mendas, no han dejado más que telarañas.
 
Sumando los sueldos de esos cuarenta años (con todos los gastos pagados) más diez de generalato, sin necesidad de usar una calculadora, estarían perfectamente justificados. 
 
¿Qué podríamos haber visto, venía a decir don Luis del Val, si durante cuarenta años como dueños de "todas las llaves" los 
 
sentenciados en el caso de los "ERES" en vez de estar en la Andalucía, cortijo del PSOE, hubieran morado en el Palacio de El Pardo?
 
Don Luis; no podríamos ver nada, porque esos chorizo se habrían llevado todo. Lo que habría redundado en beneficio de todos los prostíbulos del país, que es donde ha ido a parar parte de lo que se ha robado en la tierra de María Santísima, por los socialistas.
 
Pocas personas son capaces de valorar el enfrentamiento entre el sentimiento y la razón que una persona ha de sufrir, cuando tiene la responsabilidad de firmar una Pena Capital, aunque llegue propuesta por la Justicia. Punto final.
 
Hoy ¡me caguenlamar! después de tantos años, la conmemoración de la muerte del Caudillo y el asesinato de José Antonio, se debe cambiar el dolor de la pérdida, con la alegría del encuentro, con sus lógicas diferencias, con las posibilidades que se han abierto con VOX. La vida dedicada a y por España, de esas dos personas, debe servirnos como ejemplo y acicate a seguir. No se trata de quedarnos quietos esperando a que se realice el imposible milagro de su resurrección, 
 
pensamiento solamente al alcance de unos cuantos gilipollas, que nos acusan de eso, sino como hicieron ellos en su momento, luchar para recuperar, engrandecer y dar mejor lustre a nuestra Patria y conseguir una mejor existencia para todos los españoles, y para los legalmente asimilados.
 
Estoy seguro que tanto a José Antonio como al Caudillo, les hará más ilusión eso, que ir de romería hasta Cuelgamuros.
 
Eloy R. Mirayo.