Desde hace mucho tiempo la mayoría de políticos y comunicadores reparten a diestro y siniestro adjetivos inútiles, dedicando los términos insultantes a las personas que piensan diferente, mientras reservan los adjetivos de alabanza para los afines. Estamos sumergidos en una batalla de palabras baladí, engañosa y fraudulenta.

Para la izquierda política los años setenta del pasado siglo resultaron tan demoledores como para la derecha sociológica lo fue el Concilio Vaticano II, y aunque parezca una paradoja, la eclosión del Mayo francés del 68 fue como una gran traca final: acabó lo ideológico y se puso de moda elprogresismo folclórico, rupturista con las tradiciones culturales y religiosas, pero con profundo apego al consumismo.

La derecha postconciliar deseaba seguir viviendo en buenos barrios céntricos y la izquierda folclórica aspiraba a un trabajo con el que poder adquirir un piso en alguna urbanización de Majadahonda, Somosaguas, o las Rozas, unos con jersey de cuello vuelto y otros con corbata, todos pretendían lo mismo: un bien vivir que consistía en tener más.

Los referentes de izquierda y derecha se habían esfumado sin que nos diésemos cuenta, HABÍA GANADO LA BANCA, y nunca mejor dicho, toda vez que los auténticos vencederos fueron los Rosthschild, los Rockefeller, los Botin, etc, sin olvidar a un personaje importantísimo y que tardamos muchos años en conocer su nombre: George Soros.

Sin duda, Soros es un hombre dotado de gran inteligencia y si a eso le añadimos su fino olfato para la especulación financiera, una moralidad más que dudosa y su total falta de arraigo a cualquier nación concreta, nos encontramos frente a la tormenta perfecta en forma del apatrismo más absoluto. Nada refleja mejor su trayectoria hasta conseguir situarse en los más altos puestos del poder económico mundial como su famosa frase:“ENCUENTRA UNA TENDENCIA CUYA PREMISA SEA FALSA Y APUESTA TU DINERO CONTRA ELLA”. En ese juego diabólico ha consistido la clave de su éxito, con la particularidad de que controlar importantes medios de comunicación, para así encauzar la opinión de la masa hacia dónde le convenga, le ha facilitado enormemente las cosas.

De otro modo no se entiende tanto interés en apoyar unas migraciones masivas insostenibles para Europa, a no ser que algunos príncipes de las finanzas estén aprovechando para invertir a bajo precio en el continente africano, y hayan valorado la posibilidad de que en un par de décadas muchos europeos, en lugar de seguir trabajando aquí por salarios irrisorios, opten por comprar pequeñas granjas en Guinea, Congo, o Costa de Marfil, precisamente lo que otros hayan malvendido para venir, o sea que los mismos que compraron barato nos lo venderían revalorizado en función de la demanda.

Ahora no hay izquierda ni derecha, hay sorismo y contra-sorismo.
Pablo Iglesias compró su casoplón en Galapagar apostando en contra de lo que él mismo decía: “nosotros no somos como los de la casta, con chalets, y piscinas en barrios pijos”. Simple maniobra de distracción para encaramarse al carro y “auto-encastarse” apresuradamente, si hubiese tenido suficiente paciencia para esperar algunos años, incluso hubiese podido mostrar la casa como fruto de su “infatigable trabajo”, sin tener que avergonzarse. La falaz premisa de “queremos estar con la gente” dio resultado: Podemos había conseguido poder en forma de escaños parlamentarios, alcaldías y concejalías, Pablo siguió el postulado de Soros, pero quiso ir demasiado de prisa.
Puede que algo similar esté ocurriendo en todos los países de Europa, introducir máximas falaces en las legislaciones de género, en la normativa pro-emigración y pro-LTGBI, etc. estaba resultando el más prometedor de los inventos, hasta que se presentó la crisis de los refugiados. Entonces los gobernantes con Angela Merkel a la cabeza, y acólitos como Mariano Rajoy, convinieron en abrir fronteras y al igual que en la célebre fábula de la rana , repentinamente subió la temperatura del agua, las ranas que estaban más cerca del borde de la olla comenzaron a saltar.

También es sumamente sintomático ver a Manuel Valls proclamando el europeísmo de Barcelona para conseguir la alcaldía, tal lema nos deja estupefactos, puesto que es una obviedad de perogrullo, (tan europea ha sido siempre la Ciudad Condal como lo es Granada, Cuenca o Argamasilla de Alba) y por si fuera poco Emmanuel Macron decide inmiscuirse, opinando sin recato y sin el menor respeto sobre cómo aislar a VOX, el partido de Santiago Abascal.

¿Se han perdido a la vez todos los papeles? Sí, se han perdido los papeles, porque cada día son más las ranas que consiguen saltar al otro lado de la olla, puede que en breve la cazuela quede casi vacía, y está cundiendo ese nerviosismo que precede a las fuertes caídas bursátiles, quizá llego el momento de que el “Gran Padrino” del mundo actual, llamado George Soros, sus soro-hijos, así como los soro-testaferros, los soro-gobernantes ysoro-comunicadores , recojan las ganancias y nos dejen sobrevivir en paz.