Estamos asistiendo a la misma ceremonia de exaltación de Íñigo Errejón que hace sólo unos años se concelebró con el hoy caduco, fondón y estabulado en el lujo burgués, Pablo Iglesias. Produce vergüenza y asco, hastío y aburrimiento escuchar los mismos adjetivos laudatorios, pronunciados y escritos por los mismos periodistas, besamanos del Poder, que ayer le dedicaban a Pablo Iglesias, destinados hoy al que fuera su escudero Íñigo Errejón. Que si es un tipo brillantísimo, que si ha ejecutado una jugada política magistral, que si es la encarnación de la moderación de la extrema izquierda (lo cual es un oxímoron de manual), que si tiene un talento deslumbrante, que si tiene una capacidad inagotable para el diálogo, que si…patatín y patatán. Les suena, ¿verdad?

Íñigo Errejón es una bestia comunista más peligrosa que Pablo Iglesias, pues es un anfibio domado en la teoría del Entrismo de Antonio Gramsci y en la directiva frentepopulista de la III Internacional: aliarse con quien haga falta, a derecha e izquierda de los comunistas, y camuflarse de lo que sea menester para introducirse en los núcleos duros del Poder; a saber, la Iglesia, la Magistratura, la Universidad, el Ejército, el Parlamento y, finalmente, el Gobierno.

Pedro Sánchez, consciente de que el disparate que hemos vivido no debe volver a repetirse, y aprovechando la putrefacción podemita, se ha comprado un bufón en la lonja en la que se ofrecen al mejor postor los desertores de Pablo Iglesias. Y lo ha hecho con la doble intención de procurar conformar un Frente Popular estable machacando, literalmente, a lo poco que quede tras las elecciones del naufragio de Podemos. Se ha comprado a Íñigo Errejón que le prestará al PSOE tres servicios simultáneos: pajillero parlamentario, mamporrero legislativo y bufón progresista.

Como todos los bufones, cuando Errejón y su circo de enanos comunistas instalen su carpa en el Congreso de los Diputados, tendrán licencia para la impertinencia pero no libertad de conciencia. Podrán criticar a Sánchez, pero no bastardear su legislatura. Para eso se paga a un bufón y se le acaricia detrás de las orejas de vez en cuando, tal y como hacían los reyes medievales con sus payasos cortesanos quienes, por cierto, tenían todos la misma jeta que Errejón.