No se dice nada nuevo cuando se señala la extrema dificultad de la situación actual para formar gobierno. Esta dificultad es de tal calibre que algunos periódicos, portavoces del cártel mediático financiero, se han apresurado a señalar, como única alternativa, una “gran coalición” entre PP y PSOE. Tampoco se aporta gran cosa diciendo que el ganador de estas elecciones es VOX, que ha duplicado su presencia en el parlamento y que ha conseguido un millón de votos más.

El interés de VOX para un medio como elcorreodemadrid.com es que VOX, a diferencia de los demás partidos, se reivindica claramente patriota y hace de esto un casus belli contra todos aquellos que quieren hacer saltar la nación por los aires.

Si bien la nueva situación es claramente favorable a VOX algunas cosas sí deben ser tenidas en cuenta para reflexionar.

Primero, doblar prácticamente el resultado hasta los 52 diputados es motivo de satisfacción pero debe tenerse en cuenta que los mismo que se doblan los resultados se pueden dividir por cinco o más. Véase el caso de Ciudadanos, cuya situación es exactamente la contraria en el periodo de siete meses. Por eso no debe bajarse la guardia. La garantía de pervivencia a largo plazo es convertirse en un partido distinto, capaz de crear sus propios temas y de ponerlos sobre el tapete de la política nacional. El patriotismo, con todo la importancia que tiene, puede no ser suficiente y puede también que finalmente resulte arrebatado por los partidos convencionales. Limitarse, como cree Losantos, a la democracia parlamentaria, la constitución y “España”, para que no le digan a uno que es un partido “antisistema” es cortarse las alas de una manera gratuita y sentar las bases para que el poder encuentre un recambio rápido y domesticado de VOX cuando lo necesite. Habrá que decir lo que haya que decir, con prudencia pero sin temor.

Segundo,  casi un tercio del hemiciclo se debe a gentes que quieren destruir la nación y que se aprovechan de instituciones en las que no creen. Nada mejor que tener una fuerza política que les contrapese, pero pretender tal cosa no es suficiente. Hay que percatarse de que el mensaje de VOX no ha calado prácticamente nada en aquellas regiones españolas más susceptibles a la crisis. Esto ya fue señalado en esta misma columna las pasadas elecciones. El problema es más serio de lo que parece porque el único mensaje que se transmite en esas regiones es un mensaje de imposición y de aplicación coercitiva de la ley. Esta estrategia, si bien puede resultar en otras regiones de España, contribuye al distanciamiento en otras. Hay un electorado que está huérfano en regiones como la catalana y que no ha sido aún alcanzado por el mensaje de VOX. Únicamente en Barcelona, la provincia más cosmopolita de todas, VOX ha conseguido mejorar su resultado (aunque dentro de la irrelevancia política), en el resto de Cataluña VOX es casi inexistente y lo mismo sucede en el País Vasco, Galicia o Navarra, lugares donde el nacionalismo está cada vez más instalado. Un buen camino para paliar esta situación es la reivindicación identitaria, que no tiene nada que ver con la oligarquía neocaciquil de las autonomías.

Tercero, el modelo económico de VOX basado en el ahorro, la reducción del Estado autonómico y la bajada de impuestos es un calco demasiado grosero de las recetas liberales. Ni un Estado reducido ni una “bajada de impuestos” sin matices garantiza que vaya a detenerse el progresivo expolio de las clases medias y trabajadoras. Por este motivo, independientemente de que la actual receta de VOX tenga aspectos positivos, ahora mismo carece del empuje suficiente como para hacer de VOX un partido más transversal, capaz de romper la bipolarización política atroz en que está sumido el país.

Cuarto, la lucha de las ideas necesita ser librada, guste o no. Hasta ahora la organización política VOX, por falta de personas o por la situación trepidante de crecimiento en la que se han visto inmersos, ha delegado esta lucha en medios de comunicación afines pero externos. Sería muy conveniente que VOX se dotara de medios propios con los que librar ese combate. Pensar que puede vivirse en la mera praxis política de cara a conseguir más y mayor cuota institucional es no saber cómo funciona el mundo. La izquierda esto lo sabe muy bien y por eso se ha dotado de una poderosa red de fundaciones, institutos y oenegés, algunos muy afines y otros claramente militantes. En esta batalla juega un papel importante la recuperación de la universidad y del mundo académico, abandonado desde hace décadas a la izquierda, que ha hecho de ella su cortijo desde mediados del siglo pasado.

Quinto, es imperioso romper con la dictadura de lo políticamente correcto. Eso implica que resulta inadmisible asumir, en el campo que sea, el discurso y las maneras de los partidos establecidos. Hay que prescindir de su falsa moral y de su lenguaje y, mucho menos, aceptar su juicio ético. Esto último a ver si lo entienden aquellos que felicitan a la red de soplones de la izquierda, esa misma que si pudiera, a ellos les ahorcaría.

Estas cuestiones pueden parecer triviales a los tontos y también hostiles a los que piensan con las hormonas, pero en ellas se decide una manera distinta de hacer política: se decide la senda de la salvación nacional. Ahora es el momento de la alegría pero nadie tiene garantizado el mañana y mucho menos cuando los enemigos quieren exterminarte. Ténganse pues en cuenta estas indicaciones de manera constructiva.