Hace 80 años, terminó la Guerra Civil, firmándose el último parte de guerra en Burgos.
500.000 muertos españoles, padres contra hijos y hermanos contra hermanos.
Hace 80 años yo no había nacido, hace 80 años mi padre tenía cuatro años.
 
Cada vez que mi anciano padre se reúne con los pocos amigos que van quedando hablan del pasado y entre una mezcla melancólica de palabras añejas y recuerdos desgarradores empiezan sus conversaciones como si el tiempo se hubiera detenido en aquellos fríos años de guerra. "Vosotros los rojos...", " "anda que los fachas, sois..." y así, con una copa de vino pasan las tardes, incluso se alteran y ofenden, pero saben frenar sus impulsos porque en sus vidas está marcado a fuego lo mucho que costó el perdón de todos. Su presión arterial también les recuerda, moderación...
 
La semana siguiente se vuelven a reunir y volvemos a empezar, pero esta vez hablan de política. Aquí la mesura ya no tiene cabida.
Sin embargo hay personas de mi quinta, incluso más jóvenes, que sienten el mismo rencor que pudiera tener mi abuelo que en paz descanse.
En 1978 conseguimos pasar página de una de las etapas más negras de nuestra historia. Estábamos en guerra unos contra otros y todos cometieron atrocidades y barbaries. Pero si de algo sirvió esa guerra sin sentido, fue para demostrar al mundo que nos habíamos perdonado, somos un ejemplo de transición pacífica hacia la democracia. Con el tiempo fuimos olvidándonos de las dos Españas, quedando sólo en el recuerdo de mi padre y su generación. La mía, la de los 70, queríamos oportunidades para salir al mundo y demostrar de que pasta estamos hechos. Atrás quedo la diferencia entre el rojo y el azul, teníamos toda una gama de colores por descubrir.
¿Como es posible que personas más jóvenes que yo, sigan con este "soniquete"?. Que si cambiamos el nombre de una calle, con el perjuicio económico que esto supone a los comerciantes de toda la vida. Que si quitamos una estatua. Que si nos llevamos a Franco de su tumba, provocando batir récords en el número de visitas al Valle de los Caídos desde que Sanchez llegó a Moncloa. Y toda una serie de sandeces que acompañan a estos, fruto del delirio, la ignorancia y el oportunismo, y dicho sea de paso, de alguna subvención que otra.
Pronto veremos cómo califican a D. Juan de la Cierva fascista, por inventar el autogiro, arma de destrucción masiva o a D. Manuel Jalón de misógino, por inventar la fregona, símbolo de explotación y esclavitud de la mujer.
Yo no concibo una España roja y azul, para mí además tiene el naranja, el verde, y por qué no también el morado. Este es el fruto del año 78. Aunque algunos prefieran anclarse en el pasado, mi padre como es ley de vida desaparecerá, y con él toda una generación bicolor. ¡Ay de aquellos partidos que se sustenten de este discurso!. Ya lo estamos viendo, el morado se difumina.