Señores de la izquierda:
Verán ustedes, estos días de vacaciones que todos disfrutan a costa de insultar, descalificar y menospreciar la Semana Santa, período que los cristianos dedicamos a recordar la pasión, muerte y resurrección de Jesús, estos días en que las calles de nuestras ciudades huelen a incienso y respeto, que retumban los tambores, y entre cantos de saetas puede oírse el silencio. Estos días que ustedes quieren manchar de inquina y desasosiego barato. Estos días, señores irreverentes, son sagrados.
 
Podrán intentar burlarse de nosotros y podrán mofarse de quienes queremos compartir nuestra devoción, pero jamás conseguirán derrotar al amor, y mucho menos lograrán frenar la reflexión envuelta con mantos de flores, adornando los sentimientos de miles de corazones hermanados por la entrega y la pasión de la misma fe.
 
Ustedes quieren... no!!! exigen respeto. Respeto por un merecido descanso para quienes, lejos de sentir estos días de una forma puramente religiosa, eligen como destino lugares de sosiego, o simplemente quieren disfrutar al calor de su hogar. Les ofrezco mi consideración y deferencia, pero en mi turno de palabra, exijo igualdad. Igualdad no entre hombres y mujeres, sino entre hermanos.
 
Mis creencias son mías y nadie tiene derecho a alienarlas. Yo reclamo que mi fe es merecedora de la misma consideración. Y todos los que vivimos y sentimos el mismo parecer, merecemos el mismo anonimato que ofrecemos.
Hoy es Viernes Santo, y conmemoramos la crucifixión de Cristo, aquel hombre que dio su vida por todos... ¡hasta por ustedes! que no sólo le niegan, sino se mofan con burlas bañadas por un mar de necios sin escrúpulos.
Señores míos, mi fe es mía. No se toca...