De entre todos los partidos políticos con los que Dios ha castigado a España desde el siglo XIX es el PSOE, sin menoscabo de la vileza inherente a todos los demás, el que tiene un currículum que “abrasa con acercarse sólo a mirarlo”. Que nadie entienda que esto que digo es un elogio inverso, tangencial o de carambola hacia los partidos de derechas. No. La derecha española, desde Cánovas a Pablo Casado, da asco. Y risa. Pero el PSOE, además de asco, da miedo.

 

A lo largo de su más que centenaria historia el PSOE ha fabricado tanta basura en España, que su función política, social y sindical es absolutamente escatológica. El PSOE se ha situado siempre, con poder o sin él, en la vanguardia de la traición a España, y en su permanente carnaval ideológico, en el que hay más máscaras y embozos que en una fiesta de disfraces, el PSOE ha encontrado siempre un apoyo popular que rubrica el análisis forense que evidencia que la principal víctima de las urnas en España es, paradójicamente, España. Si el PSOE es el referente electoral de los españoles, abandonad toda esperanza.

 

Más de cien años de basura socialista sobre los felpudos de España no son una anécdota, ni siquiera una epidemia; son una forma de ser que ha moldeado la naturaleza de la mayoría del pueblo español, al que no le importa un higa que el PSOE traicione a España mientras a él le dé propaganda y la “paguita” mensual por no hacer nada, salvo respirar y votar. Votar al PSOE, claro, aunque el PSOE “negocie” con terroristas, los haga diputados y se apoye en sus excrecencias parlamentarias para seguir en el poder entregando Navarra a las fauces filoetarras de Euskalherría y pactando con sordina el indulto de la piara de traidores que intentaron mutilar a España amputándole Cataluña. El PSOE, que volvió a ganar las elecciones después de los nueve meses de infierno y mierda que nos dio Pedro Sánchez, no lo fundó Pablo Iglesias, el tipógrafo, lo fundó Judas. Que es a quien los españoles apoyan mayoritariamente en las urnas.