Llevo un par de días que no me encuentro bien, y no es por problemas personales, que también, sino básicamente porque me duele España.

Me preocupa, y mucho, el futuro de nuestros hijos, pues vaya mierda de Nación que vamos a dejarles.

El espectáculo de los dos últimos días en el Congreso y en el Senado, me resulta una auténtica charlotada, si hacemos caso a la acepción segunda de la palabra, según el Diccionario: “Actuación pública, colectiva, grotesca o ridícula”.

Sentí vergüenza ajena, por España, nuestra Patria común e indivisible, al ver como nuestros máximos órganos de representación política eran mancillados por unos presuntos delincuentes, procesados, y en prisión provisional…

Soy consciente de que todavía no han sido condenados, y de que incluso es posible que alguno de ellos resulte absuelto, pero lo uno no quita lo otro.

Cualquier persona, en su sano juicio, que se haya levantado contra el Estado, encabezando un golpe de estado, debería tener la dignidad de que no pretender representar a ese mismo Estado en el que no cree.

Pero claro, se trata de intentar blindarse ante las consecuencias jurídicas de sus actos…, y aparentar que estamos ante un problema político, cuando es obvio que sus delitos no son políticos, sino con un contenido penal.

¿Acaso un violador o un ladrón podría decir que lo ha hecho por defender sus ideas políticas…? Bueno, en el caso de la familia (¿o debería decir organización criminal?) Pujol, así ha sido, ya desde los tiempos de la Banca Catalana, que se envolvieron en la bandera catalana, pues todos sus latrocinios los hacían por la “patria” catalana. ¡Y se quedaron tan tranquilos!

E incluso hubo mucha gente que les compró, y les sigue comprando, esa mercancía averiada. Al día de hoy, alrededor de dos millones, del total de siete millones de personas que viven en Cataluña. Es decir, menos de un tercio del total de la población.

La elección como presidenta de una persona absolutamente incompetente, a la que el cargo le viene grande, muy grande, pero que compensa esa inutilidad con grandes dosis de arbitrariedad y sectarismo político (y ayer tuvimos buena muestra de ello), evidencian que no nos vamos a aburrir, y que los próximos cuatro años –o los que dure esa legislatura-, iremos de charlotada en charlotada.

Admitir como formulas válidas de juramento o promesa cualquier parida, exabrupto u ofensa a la unidad e integridad de España, solo puede hacerlo una persona totalmente vendida al separatista, o inútil total, o con más tragaderas que cualquier moza arrabalera… O las tres cosas.

Eso sí, estén tranquilos los españoles, que nadie se va a preocupar de solucionar sus problemas.

¡Que se jodan los votantes!

¡No habernos votado!