Sólo los más cínicos niegan la incapacidad de Pedro Sánchez cuando dice “Viva España, claro, pero que no viva enfrentada como quieren las tres derechas…”, por ejemplo, el pasado domingo durante el acto de presentación del candidato a la alcaldía de Murcia, y se quedó tan fresco. Sólo los más cínicos creen que Alfonso Guerra no tiene razón cuando dice: “La aptitud de Zapatero sobre Venezuela es inexplicable” (El Mundo, 20.I.2019). En fin, sólo los más cínicos aplaudieron a Mariano Rajoy en la pasada convención del Partido Popular, celebrada el último fin de semana en uno de los pabellones de Ifema, en Madrid. Contrastan los aplausos al dirigente popular que dilapidó millones de votos y salió por la puerta de atrás dejando el panorama que permitió a Sánchez alcanzar el Palacio de la Moncloa, con las intenciones de Pedro Casado de reflotar su partido con vistas a un futuro próximo, como contrastan los que defienden el discurso inocuo de Sánchez, enquistado entre el palacio presidencial y el falcon, o los que aún buscan un ápice de luz en el ínclito Zapatero (que Dios mantenga alejado de nosotros por los siglos de los siglos)

 

Es evidente que los asesores de imagen, y los redactores de discursos, menosprecian a los espectadores que son ajenos al circuito ideológico del ponente. Tal vez en esto reside la estrategia de los mítines, los líderes dicen lo que les gusta oír a los fieles, y hacen un discurso a la medida de éstos, prescindiendo de los críticos. Porque viendo la intervención de Pedro Sánchez, y su conclusión: sino que viva unida a la igualdad de los españoles y a la diversidad territorial…” no me queda duda que habló para los cínicos, cualquier mínima exigencia de los asistentes y habría quedado sólo.

 

Otro tanto pasa con Rodríguez Zapatero (que Dios mantenga alejado de nosotros por los siglos de los siglos), porque ya nos lo anunció en su día aquella ministra de dilatado currículo profesional, Leire Pajín, cuando nos habló de las constelaciones, refiriéndose a su jefe, aunque no aclaró si las constelaciones son donde habita de continuo o sólo las visita, como su amigo Maduro, ocasionalmente para volver a contarnos la visión.

 

El discurso de Pedro Casado, nuevo líder del Partido Popular, delfín del aznarismo, es un programa cargado de intenciones para recuperar el espacio abandonado (no perdido, la pérdida es un acto involuntario). Recuperar el espacio abandonado y el tiempo mal empleado por su antecesor Mariano Rajoy, el hombre que tornó la esperanza en decepción. Porque la inacción de Rajoy y su cohorte de ministros provocó la desafección de millones de votos que habían confiado en él para reconducir a España. Meses después de su “huida”, aquella tarde de copas, asomó de nuevo Rajoy en la convención del Partido Popular, flaco favor a su sustituto, para recoger una ovación -dicen, algunos, que la más larga y sonora- cuya interpretación es, o admitir que el cinismo se ha apoderado de los populares, o que sólo los cínicos acompañaron al joven Casado en su puesta de largo. Y, sobre el papel, pareciera que Casado tiene intención de poner los puntos sobre las íes y acorralar a Vox, que es ahora el enemigo a batir, una fuerza creciendo, una alternativa capaz de llevar a los populares al huerto… un dolor.

 

Sólo los más cínicos confían aún en este sistema que permite colocar en los puestos de privilegio del Estado a indocumentados, iletrados, copiadores de masters y Dios sabe de cuántas cosas más… y hacer que recojan aplausos como el que recoge flores en la primavera, sobre la inestable vereda del acantilado.