En los últimos veinte años, más de dos mil personas han fallecido ahogadas en accidentes marítimos. Más de la mitad de estas víctimas fueron inmigrantes ilegales transportados previo pago por el crimen organizado. Estos sucesos, que podrían parecer aislados o fortuitos, forman parte de la mal llamada crónica negra, y la inmensa mayoría están muy lejos de ser fortuitos.


Este texto va a resultar un poco extremo y difícil de entender para ciertas mentes, poco privilegiadas acopladas a una corriente filosófica que no saben ni que existe, del que podría haber sido Kant precursor y que denominamos, personalismo. Wojtyla, Guardini y demás.


Todos hemos visto a Leonardo Di Caprio hundirse congelado en las aguas del Atlántico, mientras una Kate Winslet quedaba vivita y coleando, aferrada a lo que podría ser la puerta del camarote sesenta y nueve de un famoso transatlántico británico de principios de siglo, denominado Titanic. Pero si preguntamos por el Lusitania, somos menos los que podríamos dar algún dato sobre el porqué del hundimiento del barco americano, en el que murieron ahogadas muchas más personas.


¿Y si avanzamos un poco más en lo desconocido? El Príncipe de Asturias fue un buque español que se hundió después de unos días de haber salido de Barcelona con destino a Brasil. Seiscientos o setecientos muertos. Sesenta muertos en el Andrea Doria a mediados del Siglo XX o toda la tripulación del Kursk. ¡Ahí queda eso!


Ahora bien. ¿Alguien me puede decir que conoce el hundimiento del Wilhelm Gustloff? ¿Y del Doña Paz? Quince mil muertos entre los dos. ¿La explosión del Mont Blanc en Halifax? Nada de nada. ¡Estoy seguro!


Hay más, pero como no estoy en condiciones de estrujarme mucho la cabeza y como decía mi abuela, para muestra vale con un botón, voy a plantear una pregunta. ¿Cuál es la manera más fácil de hacer desaparecer, anular o erradicar para siempre a alguien y salir airoso de dicha ejecución? La respuesta es muy fácil, pero no entra en ninguna de las cabezas que están leyendo esto. ¿Un tiro en la cabeza? ¿Venenos? ¿Descuartizamiento? ¿Corbata? No. La respuesta es sencilla. ¡Hundir un barco, en el que antes hemos metido a la persona de nuestro interés?


¿Quién viajaba en el Titanic? ¿En el Andrea Doria? ¿Qué militar ruso de cuyo nombre no quiero acordarme iba en el Oscar II? ¿Qué españolito desapareció en el Príncipe de Asturias? Preguntas y más preguntas, sobre los que no encontramos ningún documental en el canal Historia.


¡Pues así es! Los cruceros, los viajes en barco y alguna cosa más, se inventaron en tiempos de Cunard El Primero, para erradicar molestos personajes que se vinculaban donde no debían de manera equivocada y solo hay que conocer la Ley del Mar, para saber que a partir de 20 kilómetros, desde el punto en el que los personalistas se mojan el culo, se puede hacer cualquier aberración, ya que aunque intenten juzgarnos por los hechos producidos, va a ser muy difícil salir condenados. Así que mucho cuidado con los cruceros y viajecitos en barco, ya que algunos se hunden o simplemente regresan con menos pasajeros de los que en un principio embarcaron. ¡Feliz Verano!